Ricardo Ávila
brújula

Llamado a la acción

No se puede hablar todavía de una crisis, pero es indudable que los analistas miran con más preocupación el devenir de la economía mundial.

Ricardo Ávila
Exdirector de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
mayo 21 de 2019
2019-05-21 09:22 p.m.
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No se puede hablar todavía de una crisis, pero es indudable que los analistas miran con más preocupación el devenir de la economía mundial. Así quedó claro ayer, luego de que la Ocde presentó su más reciente ejercicio de proyecciones sobre la marcha del planeta. En comparación con los pronósticos de noviembre pasado, que hablaban de una expansión cercana al 3,6 por ciento en el 2019, ahora la cifra es cuatro décimas menor.

El motivo principal es la guerra comercial entre Estados Unidos y China, cuya intensidad viene en aumento. Aunque a primera vista se podría creer que las grandes afectadas serían las potencias mencionadas, el mensaje es que el coletazo será fuerte en todas partes.

De acuerdo con un ejercicio hecho por la organización con sede en París, los mayores aranceles adoptados por Washington y las medidas retaliatorias impuestas por Pekín, llevarán a que el Producto Interno Bruto global sea menor entre el 2021 y el 2022. En caso de que las sanciones de lado y lado cubran todo el intercambio binacional, el costo sería de seis décimas de punto porcentual.

Una parte importante del golpe es atribuible a los menores flujos de comercio, pero ese factor es tan importante como el costo de la incertidumbre. Dicho de otra manera, múltiples decisiones de negocios quedarán congeladas hasta tanto no se despeje el panorama, lo que afectará la inversión y el empleo.

En caso de ocurrir una ralentización importante, hay otro peligro que aparece. Este consiste en los mayores índices de endeudamiento que se podrían volver insostenibles. De ahí que varios académicos emitan advertencias respecto a que la próxima crisis financiera internacional estaría a la vuelta de la esquina.

Debido a ello, la Ocde considera que los gobiernos tienen un papel clave si quieren evitar lo peor. Hay cuellos de botella en materia de infraestructura digital y de transporte, al igual que el requisito de prepararse para la revolución tecnológica. La pregunta es si alguien escuchará ese llamado a la acción.

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