Ricardo Ávila
brújula

Se impuso la prudencia

A veces Donald Trump no consigue lo que quiere. Esa podría ser una de las conclusiones de lo sucedido ayer.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
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Ricardo Ávila
diciembre 19 de 2018
2018-12-19 09:45 p.m.
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A veces Donald Trump no consigue lo que quiere. Esa podría ser una de las conclusiones de lo sucedido ayer, cuando el Banco de la Reserva Federal de Estados Unidos decidió subir en un cuarto de punto porcentual su tasa de interés, a pesar de la presión en contra del inquilino de la Casa Blanca, expresada en varias declaraciones públicas.

De tal manera, el costo de los fondos que les presta la entidad a los intermediarios financieros quedó en un rango que va de 2,25 a 2,5 por ciento anual. El apretón forma parte de la política de normalización que viene desde hace un par de años y que implica volver, eventualmente, a un nivel cercano al 3 por ciento, muy cerca del promedio histórico.

Si bien restablecer el orden de las cosas es lo que indica la ortodoxia, la administración en Washington habría preferido otra cosa. El temor es que, dado el creciente pesimismo de los mercados, un alza en los intereses acabe enfriando a la economía estadounidense, justo en vísperas de la temporada electoral de finales del 2020.

Quizás por ello, Wall Street tuvo una reacción negativa tras el incremento. De hecho, la caída en los precios de las acciones acabó siendo la más significativa en casi un cuarto de siglo, lo cual refleja el deterioro en las expectativas de los inversionistas.

Curiosamente, pocos valoraron la señal en el sentido de que el próximo año no habría tres vueltas de tuerca, como se pensaba en octubre, sino tan solo un par. Tal parece que las inquietudes son de corto plazo, por lo cual la mayoría habría preferido un respiro importante ahora y no después.

Aun así, las perspectivas para Estados Unidos son aceptables. En sus proyecciones, la Reserva Federal habló de un crecimiento del 2,3 por ciento en el 2019, combinado con un desempleo de apenas 3,5 por ciento. Esa perspectiva apunta a un aterrizaje suave. El problema es que a Trump le gustaría mantener el acelerador a fondo, sin importar el riesgo de que la máquina se recaliente.

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