Ricardo Ávila
brújula

Un entusiasmo efímero

Falta un mes largo antes de que Jair Bolsonaro asuma la presidencia de Brasil.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
noviembre 26 de 2018
2018-11-26 09:21 p.m.
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Falta un mes largo antes de que Jair Bolsonaro asuma la presidencia de Brasil. Tras el triunfo del candidato de derecha en las elecciones de octubre, los inversionistas reaccionaron con entusiasmo ante la llegada al palacio de Planalto de alguien cuyas políticas serían favorables para los inversionistas.

Sin embargo, tal parece que la luna de miel con los mercados duró poco. Así lo demostró la fuerte caída experimentada ayer por el real, cercana al 3 por ciento. Aunque todavía la tasa de cambio frente al dólar sigue por debajo de los máximos de septiembre, la brecha es cada vez más estrecha.

Sobre el papel, el retroceso de la moneda auriverde está atado a la caída en las cotizaciones de los bienes primarios. Productos estratégicos como el mineral de hierro vienen en picada, debido a la falta de dinamismo de China, con lo cual las exportaciones serán menores de lo que originalmente se había previsto.

Y aunque la menor entrada de divisas golpea al real, hay factores políticos en juego. El anuncio de Bolsonaro de designar a un militar retirado, más en un puesto clave de la administración, cayó mal. Aparte de vicepresidente, consejero de seguridad nacional y ministro de defensa, llegará otro exintegrante de las Fuerzas Armadas a la secretaría de gobierno. Debido a ello, el temor es que la tendencia autoritaria del nuevo mandatario esté por encima de su voluntad de impulsar reformas en pro de la economía más grande de América Latina. Si bien nada está escrito hasta que llegue el próximo primero de enero y suceda el cambio de guardia en Brasilia, todo apunta a que no habrá intentos de buscar consensos.

Eso pone bajo un gran signo de interrogación el futuro de reformas fundamentales, como la que se necesita con respecto a las pensiones o a la carga tributaria. A menos que se tiendan puentes, la administración que llega no logrará conseguir los respaldos parlamentarios que requiere para variar el statu quo. Si Brasil fracasa en ese intento, las réplicas se sentirán en el resto de América Latina.

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