Ricardo Ávila
Brújula

Un problema capital

Quienes saben de temas laborales tienen claro que el primer mes del año en Colombia es el de la mayor tasa de desempleo del calendario.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
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Ricardo Ávila
febrero 28 de 2018
2018-02-28 08:23 p.m.
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Quienes saben de temas laborales tienen claro que el primer mes del año en Colombia es el de la mayor tasa de desempleo del calendario. Por razones meramente estacionales, el fin de periodo decembrino trae consigo la salida del personal que desempeña funciones temporales. El arranque del almanaque viene acompañado de un bajón en la actividad del comercio y la hotelería, para hablar de dos áreas intensivas en mano de obra.

Es a la luz de esa situación que hay que analizar el parte que entregó el Dane ayer. De acuerdo con la entidad, el índice de desocupación en enero llegó a 11,8 por ciento a nivel nacional y a 13,4 por ciento en el caso de las trece áreas metropolitanas más grandes.

Aunque las cifras mencionadas distan de ser satisfactorias, son muy similares a las registradas en el mismo lapso del 2017. Debido a ello, los analistas se sorprendieron positivamente, pues algunos esperaban un deterioro cercano a medio punto porcentual, explicado por la frágil realidad de la economía.

El Gobierno, por su parte, trató de darle un giro favorable a la noticia. El comunicado oficial resaltó que la población ocupada (casi 21,6 millones de personas) es la más alta de la historia para el citado mes y que el total supera en 111.000 individuos al del año pasado. Puesto de otra manera, la masa trabajadora se sigue expandiendo, lo cual lleva a pensar que la capacidad de consumo sigue presente.

Y aunque eso es cierto, los expertos se apresuraron a subrayar que el informe habría sido peor, de no ser porque la oferta laboral cayó. El hecho de que una proporción menor de colombianos esté buscando trabajo sirvió para que la fotografía fuera menos mala.

Pero más allá de ese debate, hay que resaltar otro punto inquietante: el notorio aumento del desempleo en Bogotá, Medellín y Cali. Son esas urbes –y en menor medida Bucaramanga– las que explican el retroceso de los últimos tiempos. Si de revertir la tendencia se trata, es indudable que la solución pasa por las tres capitales más grandes.

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