Ricardo Ávila
brújula

Cartera sin ritmo

La demanda de crédito, en general, no levanta cabeza.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
octubre 21 de 2018
2018-10-21 05:30 p.m.
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Las cifras disponibles hasta la fecha confirman que la economía colombiana está andando a mejor ritmo este año. Tan es así que recientemente el Fondo Monetario Internacional y Fedesarrollo revisaron al alza sus proyecciones con respecto al crecimiento del 2018.

No obstante, hay un área clave en la cual los vientos de la recuperación soplan con debilidad. Se trata de la demanda de crédito que, en general, no levanta cabeza.
De acuerdo con datos del Banco de la República hasta el pasado 5 de octubre, la cartera bruta del sistema financiero nacional llegó a 442,6 billones de pesos, apenas 4,9 por ciento más que en igual fecha del 2017. Dicha expansión sería ligeramente inferior a la de la economía, en términos nominales, por cuenta de los cual hay, en el mejor de los casos, un estancamiento en ese agregado.

El motivo principal de tan pobre dinámica son los préstamos comerciales que representan el 53 por ciento del total y cuyo aumento anual es del 1,5 por ciento. Por su parte, las categorías de consumo e hipotecaria andan mejor, con una expansión del 8,4 y 11,5 por ciento, respectivamente. El microcrédito, en cambio, avanza en un tímido 3,5 por ciento.

Hay diferentes hipótesis para explicar la falta de ritmo de la cartera. La apatía de las empresas a la hora de endeudarse puede estar relacionada con un clima de negocios todavía adverso, combinada con expectativas moderadas respecto al futuro. Si bien vendrían alivios tributarios en caso de que el congreso apruebe la ley de financiamiento que verá la luz esta semana, en estos casos se aplica el conocido refrán de ‘ver, para creer’.

A pesar de que las tasas de interés son menores ahora, la reticencia sigue. Hace un año, el costo promedio de un crédito ordinario era de 12 por ciento anual para clientes corporativos y ahora ese nivel está en 10,8 por ciento.

Mientras tanto, el deterioro en la calidad de la cartera es notorio. Según los números oficiales, las provisiones han subido 17 por ciento. A pesar de que los balances son sólidos, las tendencias no van en la dirección correcta y abren signos de interrogación sobre el futuro.

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