Ricardo Ávila
Brújula

La apuesta quedó hecha

Hacia un buen tiempo que el país no se la jugaba tan duro por un segmento específico.

Ricardo Ávila
Exdirector de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
septiembre 15 de 2019
2019-09-15 03:55 p.m.
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Hacia un buen tiempo que el país no se la jugaba tan duro por un segmento específico. Así quedó confirmado la semana pasada cuando el Gobierno anunció la firma del decreto 1669 del 2019, que reglamentó los generosos beneficios concedidos por la ley de financiamiento y el plan de desarrollo de la administración Duque, con destino a la llamada economía creativa o naranja.

Lo más destacable es haber oficializado la exención en el pago del impuesto de renta por un periodo de siete años, para las empresas del ramo con ingresos inferiores a unos 2.700 millones de pesos anuales del 2019. La gabela también cobija a las sociedades del sector que se establezcan antes del 31 de diciembre del 2021. En ambos casos se plantea una obligatoriedad de inversiones y creación de empleos formales, que exige pasar por un filtro de supervisión.

Sobre el papel, las ventajas cubrirían a unas 40.000 compañías que ya operan, pertenecientes a 27 capítulos específicos. El abanico comprende desde producción audiovisual, hasta conservación y funcionamiento de museos, pasando por fabricación de joyas o desarrollo de software, entre otros. En cada caso los interesados deben presentar un proyecto ante el Ministerio de Cultura, que habilitará un portal referido al tema.

Tal como ocurre en otros casos, el propósito es hacer sacrificios fiscales que se deberían traducir en un auge de emprendimientos. En el mejor de los casos, llegarían más capitales y se crearían más plazas de trabajo, dando lugar a un círculo virtuoso en una economía que necesita diversificarse con urgencia.

No faltan los analistas que hablan de varios riesgos. El más evidente es quedarse con el pecado y sin el género: favorecer a los que ya estaban a cambio de menores recaudos. Tampoco es despreciable la posibilidad de que más de un avivato trate de ganarse exenciones que no le corresponden o que el Gobierno no cuente con los mecanismos para tramitar las solicitudes a tiempo. Aun así, no hay que sacar conclusiones a priori. Habrá que esperar lo que sucede a ver si la apuesta valió la pena.

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