Ricardo Ávila
Retrospectiva

Más que un vuelo trágico

Falta el resultado de las investigaciones que determinarán si la fabricante de aviones falló al atender las quejas de los pilotos. 

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
marzo 15 de 2019
2019-03-15 06:38 p.m.
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Para la gran mayoría de los colombianos, la decisión de dejar en tierra los aviones Boeing 737 Max no tiene ninguna implicación práctica. A fin de cuentas, ese tipo de aparato no forma parte de la flota de las compañías basadas en el país y, con una sola excepción, tampoco era utilizada por las foráneas que conectan el territorio nacional con otras latitudes.

Aun así, lo ocurrido no puede ser recibido con indiferencia. Aparte de lamentar la muerte de más de 350 pasajeros, sucedida en dos accidentes con menos de seis meses de diferencia, la emergencia deja lecciones de diverso orden.

La primera es que vivimos en un mundo globalizado en donde el concepto de lugar remoto dejó de existir. Las tragedias de Indonesia y Etiopía fueron registradas a los pocos minutos de haberse presentado y se transmitieron por las redes sociales de manera inmediata. En cuestión de horas, expertos de múltiples lugares o el público en general, pusieron sobre la mesa la posibilidad de inmovilizar a los 737 Max.

Dicha circunstancia condujo a los gobiernos a reaccionar con velocidad. Los pasos iniciales los dieron Australia y varias naciones asiáticas, pero rápidamente en Europa y buena parte de las Américas se adoptaron disposiciones similares. La notoria excepción acabó siendo Estados Unidos, en donde al comienzo se superpuso la conveniencia a la prudencia, pero no por mucho tiempo.

Y es que ni siquiera Donald Trump pudo imponer su ánimo de defender a Boeing. Esta acabó pagando caro los pronunciamientos iniciales, como lo demostró el desplome del precio de su acción en la bolsa de Nueva York. Falta el resultado de las investigaciones que determinarán si la fabricante de aviones falló al atender las quejas de los pilotos, con respecto al que posiblemente es una falla del software.

Eventualmente, la compañía encontrará una solución y las cosas volverán a la normalidad. Pero siempre quedará en el ambiente la inquietud sobre si los peores desenlaces se hubieran podido evitar, en caso de haberse escuchado las alarmas que, al parecer, ya venían sonando.

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
@ravilapinto

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