Ricardo Chica
Columnista 

La incapacidad de procesar la protesta

Lo que se necesita son diálogos nacionales efectivos y no efectistas, lo cual requiere el proceso político que logran frustrar de entrada.

Ricardo Chica
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Ricardo Chica
junio 11 de 2021
2021-06-11 05:55 p. m.
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La movilización popular manifiesta, no produce, la crisis económica, política y social por niveles de inequidad y de pobreza escandalosos (no corregidos por una estructura fiscal regresiva) agravada por la pandemia. La torpe gestión de esta y de la reforma fueron solo detonantes.

Pero no puede perderse de vista que esta es necesaria no solo para poder enfrentar el impacto de la pandemia; lo es porque la explosión del déficit y la incertidumbre sobre el recaudo para cubrirlo puede llegar a encarecer el crédito para el país y limitar la inversión tanto domestica como extranjera.

Más incertidumbre es lo peor que le puede pasar a esta maltrecha economía para lograr recuperar la senda del crecimiento, pues erosiona a esta su mecanismo fundamental. Una postura ciega a la necesidad de aumentar el recaudo es irresponsable e inconducente: una crisis cambiaria y financiera por deterioro de las expectativas sobre la economía y su capacidad de pagar sería absolutamente catastrófica para las condiciones de vida de los más pobres.

El manejo de la pandemia y el de la reforma y la protesta son ilustraciones perfectas de la mezcla de inoperancia institucional, torpeza y restricciones a la democracia; de la ausencia en Colombia de unas estructuras y procedimientos políticos capaces de procesar conflictos como temas de política. Lo que se necesita son diálogos nacionales efectivos y no efectistas, lo cual requiere el proceso político que logran frustrar de entrada.

El país carece de unas instituciones funcionales para procesar políticamente el conflicto: ni el congreso; ni los partidos; ni los candidatos; ni el ejecutivo (que perdió el poco liderazgo que tuvo).

En este sentido no queda más salida que la calle. Sin embargo, tampoco es cierto que ahora tiene la palabra la calle por la carencia de un liderazgo capaz de procesar las exigencias de los movilizados: un comité en el que muy pocos (salvo centrales obreras), se sienten representados, menos los jóvenes movilizados, y que no puede manejar ni algo tan urgente como levantar el bloqueo.

La táctica del gobierno es agotarlo como al paro anterior con un tinglado de diálogos nacionales, sabiendo que los movimientos populares se agotan y degradan ante la violencia oficial, dada la ausencia de un proceso político, de un grupo capaz de canalizar el descontento popular en propuestas con incidencia política.

En esta dirección el contraste con Chile es ilustrativo. Como resultado del paro allá, canalizando el descontento popular, y apoyándose en este, los grupos políticos de izquierda impusieron una constituyente que Piñera no tuvo más remedio que aceptar, e incluso trató de capitalizar.

Ricardo Chica
Investigador Desarrollo Económico

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