MARTES, 16 DE ABRIL DE 2024

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Ricardo Chica
Columnista

La Petroeconomía pierde el año

El fundamentalismo e ideologización de sus ministros ha resultado en planteamientos de un analfabetismo económico preocupante.

Ricardo Chica
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Ricardo Chica

Ideas como el reducir los impuestos a las empresas, particularmente a las más pequeñas para facilitar su formalización, tienen una lógica económica impecable, más en una situación de inversión deprimida e informalidad generalizada.

Como la extensión de los servicios de la salud la tiene, no solo desde el punto de vista de le equidad sino también de la eficiencia por su efecto sobre el capital humano y la productividad. Incluso salarios más altos tienen sentido tanto en términos de salarios de eficiencia (productividad) como también de demanda (consumo). Por otra parte, si bien buena parte del estancamiento es responsabilidad del Banco de la República (y la revaluación afecta las exportaciones, particularmente las no tradicionales penetrando mercados) hay problemas serios de ejecución cuya compensación obvia sería del lado fiscal. Pero varios aspectos de la Petroeconomía están basados en confusiones potencialmente muy costosas, referentes a: 1) salario mínimo; 2) reforma laboral; 3) reforma de la salud; 4) ecologismo energético.

1) En condiciones de bajo nivel de actividad, incrementar los salarios más allá del crecimiento de la productividad perjudica no solo a los empresarios sino también a los trabajadores informales (que son la mayoría de los pobres), quienes no se benefician de ese acceso por no tener representación.

2) Recuperar algo de los beneficios de los que disfrutaban los trabajadores tiene sentido, pero si la contratación se rigidiza y se encarece demasiado, los empresarios se abstendrán de contratar e incluso se verán forzados a salir de trabajadores.

3) La petrorreforma es capítulo aparte en su ignorancia de principios económicos básicos. Es el desconocimiento de la complejidad de la arquitectura institucional y de lo prolongado y costoso de la acumulación de capacidades en las organizaciones, como si a éstas se las pudiera abarrotar de funciones de la noche a la mañana sin un diseño adecuado o dicha acumulación previa.

Una estructura de incentivos que estimulará la corrupción y el despilfarro en los entes regionales, eliminando toda forma de competencia entre prestadores de servicios y destruyendo todo rastro de un mecanismo de racionamiento mediante precios en un sistema de aprobación automática de gastos que derrumbará al sistema.

Un desconocimiento descarado de la necesidad de mecanismos de aseguramiento para manejar el riesgo (risk pooling), lo que deja al sistema vulnerable a eventualidades inesperadas.

Como es obvio estas dos últimas confusiones generan una vulnerabilidad en acumulación de riesgo financiero que amenaza al sistema fatalmente. El sistema de salud necesita ser reformado en la dirección de ampliar su cubrimiento, pero se intenta hacer en una forma que lo destruirá.

El fundamentalismo e ideologización de sus ministros en un estatismo fosilizado o un ecologismo desorientado ha resultado en planteamientos de un analfabetismo económico preocupante.

El Estado, responde Jaramillo a la pregunta de quién atenderá a los pacientes: las instituciones y organizaciones emergen como el genio de la lámpara de Aladino, colmadas de funcionarios capacitados y probos, apoyados por una super-sistema de manejo de la información. Tan fantástico como el genio.

Ricardo Chica
Investigador en Desarrollo Económico.

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