Ricardo Gaitán

Ruta de la Seda por el patio trasero de EE. UU.

El conflicto está dando una oportunidad sin igual a América Latina para comerciar con el gigante asiático. 

Ricardo Gaitán
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Ricardo Gaitán
octubre 17 de 2018
2018-10-17 09:56 p.m.
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La guerra comercial entre los colosos del comercio global desatada por EE. UU., está perjudicando a las empresas ubicadas en ambos lados del Pacífico. De hecho, las medidas aplicadas por el gobierno estadounidense a más de la mitad de los productos que China le vende cada año, se verán afectados por los elevados aranceles impuestos.

El gobierno de Donald Trump no solo acusa a las empresas chinas de poner en práctica políticas industriales y comerciales agresivas, sino del robo de la propiedad intelectual de las marcas estadounidenses. Por su lado, el gobierno de Xi Jinping se defiende alegando que estas afirmaciones son falsas. La situación deja a China sin otra opción que cambiar su estrategia comercial en occidente, lo cual significa dar un giro de 360 grados a la Ruta de la Seda.

El conflicto está dando una oportunidad sin igual a América Latina para comerciar con el gigante asiático, que ahora busca moverse en la zona de influencia natural de EE. UU. Xi Jinping, el líder más poderoso de China en las últimas décadas, está demostrando que además del dinero, hay otras razones de peso por el interés chino en la región.

Según especialistas, el atractivo es la geografía centroamericana por su fácil acceso a los océanos Pacífico y Atlántico, lo que aumenta las posibilidades de colocar sus productos no solo en los mercados latinos, sino en la costa este de EE. UU. La nueva Ruta enlazaría a China con los mercados europeos y africanos.

Enrique Dussel, coordinador del Centro de Estudios China-México de la Unam, sostiene que China no descarta a ningún país. De las Malvinas (sur de Argentina) a Mexicali (noroeste de México). China lo que viene planteando es: “quién quiere hacer negocios conmigo”, demostrando que es un jugador global con gran influencia en los países de Centroamérica y el Caribe, de los cuales Donald Trump se refirió como “países de mierda”, expresión que alcanzó un grado de recelo y apatía de América Latina en relación con Washington.

El gigante asiático inició TLC con países latinoamericanos en el 2006, y desde la firma con Chile no ha cesado en su empeño por expandir las relaciones comerciales con otros países, especialmente del Pacífico. En la actualidad mantiene tratados con Perú (2009), Costa Rica (2010) y recientemente con Panamá, relación que surgió después de que el país centroamericano rompiera relaciones diplomáticas con Taiwán, en junio de 2017. Sin fecha establecida estaría un futuro tratado comercial con Colombia.

Michael Shifter, presidente del Diálogo Interamericano, centro de análisis regional, ubicado en Washington, ha dicho que “en otras administraciones a Washington no le ha importado América Latina, y eso es cierto, pero ahora es dramáticamente peor”.

Las políticas proteccionistas del gobierno Trump, el desinterés por sus vecinos del sur y el desplome de su imagen ya son notorios a través de la creciente influencia de China en la región. De hecho, el empuje comercial chino en el patio trasero de EE. UU. es observado con preocupación por unos y expectativa por otros.

Ricardo Gaitán
​Consultor de marca
ricardogaitan09@gmail.com

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