Ricardo Santamaría
columnista

Historias de reconciliación (II)

Hace 15 días en esta columna conté la increíble y cierta historia de reconciliación de dos policías invidentes. Aquí van otras dos historias.

Ricardo Santamaría
POR:
Ricardo Santamaría
julio 27 de 2020
2020-07-27 09:30 p. m.
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Hace 15 días en esta columna conté la increíble y cierta historia de reconciliación de dos policías invidentes y el jefe guerrillero que había comandado la emboscada donde ellos quedaron ciegos, y que hoy son amigos y dan conferencias juntos.

La respuesta de los lectores fue notoria y esto me animó a realizar esta segunda entrega sobre el mismo tema. Son historias que inspiran por su poder transformador, por su capacidad de mostrar la fuerza del perdón y la forma silenciosa pero real en qué tantos colombianos han pasado la página de la violencia y en medio de las más difíciles circunstancias rehicieron su vida y sí, hoy son felices. Aquí van otras dos historias cien por ciento reales.

Tiene 11 años. Vive con su familia en una zona rural. Se escapa de la casa una noche. Quiere encontrar a su padre que le dijeron se fue para la guerrilla. Luego de varios días llega al campamento de un frente de las Farc. La recibe el comandante. Le dice que conoce a su padre pero que es el jefe de otro frente. Pero que ella se queda con él. “De ahora en adelante –afirma– usted es mi mascota”.

Esto, con estas palabras, me lo contó ella cuando la conocí dando una conferencia sobre el posconflicto a la junta directiva de una multinacional. Entonces tenía 26 años, estaba casada, tenía dos hijas y trabajaba como Promotora de Paz del programa de desmovilizados de la Presidencia de la República.

Siendo guerrillera, el Ejército la capturó cuando tenía 16 años, entró primero al Instituto Colombianao de Bienestar Familiar (ICBF) por ser menor de edad, y luego al programa de desmovilizados. Colaboró con la justicia y se acogió a la amnistía.

¿Qué hacía en la guerrilla?, le pregunté. “Fui entrenada como francotiradora y cumplía labores de investigación”, me dijo, al aire, en el programa “Conversemos en Paz”. Ese día, en el programa, pidió perdón por sus años en la guerrilla. Era un ser humano transformado. Una mujer empoderada.

La segunda. El día que la conocí recibía un cheque de 50 millones de pesos de una ONG, que financiaba un emprendimiento rural que ella lideraba. Tomó el micrófono y dijo: “Miren señores, en mi familia tenemos todas las causales de víctima de la ley”. Y empezó a enumerarlas: “Hijo en la guerrilla, sobrino desaparecido, esposo secuestrado…” Contó cómo su familia había sido desplazada por la violencia y tuvieron que dejar atrás la finca donde había nacido. Pero también contó cómo había empezado de nuevo, con la familia que pudo reunir, tíos y primos, y cómo había diseñado un proyecto agropecuario con otras familias –una cooperativa de productores- que hoy recibía el aporte necesario para arrancar–.

Cuando terminó de hablar, le pregunté: “Usted ya perdonó…?” Se quedó pensando un momento y dijo: “Yo sí, pero no respondo por otros miembros de mi familia…”
¿De donde sacó fuerzas para volver a empezar? Mientras almorzaba, me contestó: “Yo siempre he sido la misma, siempre he sido una líder…”
Su historia resume la esencia de la paz de Colombia: Es una oportunidad para quien decida usarla.

Ricardo Santamaría
Analista y escritor.
risasa1960@gmail.com

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