Ricardo Santamaría
Columnista

La felicidad de envejecer

Cuando envejecemos con naturalidad, renacemos. Sí, es una forma de renacer. Regresar a lo básico. Recordar quiénes somos en realidad. 

Ricardo Santamaría
POR:
Ricardo Santamaría
diciembre 21 de 2020
2020-12-21 08:00 p. m.
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Recientemente cumplí 60 diciembres. Una pila de años, como dicen en Cuba. Pero me dio alegría. Los celebré con aceptación y tranquilidad.

No podría decir cuántos aparento, pero desde que cumplí 50 me acostumbré a mirarme al espejo y aceptar las canas, arrugas, la papada y la pata de gallo, todo lo que de forma inexorable va cambiando en mi cuerpo. Y no como un ejercicio virtuoso de resignada humildad, que no lo es, sino como una forma práctica, sensata y digna de vivir.

Soy calvo y me gusta. Tengo la barba blanca y me gusta. Mis piernas y brazos son mas flacos y me gusta. Y no sigo para no entrar en detalles bizarros, pero, en general y hasta ahora, acepto lo que me han traído los años. O mejor, lo que se han llevado.

Al no hacer resistencia a la ley de gravedad, uno fluye con la vida. Y afirmo esta idea que para mi no es un cliché sino una certeza: todas las edades, en hombres y mujeres, tienen su belleza. Hay que descubrirla y disfrutarla.

Hay algo que no ha cambiado. El brillo de mis ojos. Me miró y soy el mismo. La misma emoción. La misma satisfacción y agradecimiento de sentirme vivo. Esa mirada no envejece. También he sentido que mi sonrisa es mas expresiva, mas real.

Uno de los placeres de envejecer es que ya no hay que hacer muchas cosas. Hay menos que aparentar. Menos que mostrar. El “tengo que” puede sustituirse por el “quiero hacer”. O mejor, por el “no quiero gracias, paso”. Lo esencial adquiere mas peso y lo superfluo se identifica mas claramente.

La felicidad de envejecer es un placer sutil. Una vivencia personal y profunda. Una aceptación silenciosa de lo que es. Fluir naturalmente con lo que somos. Sentir que cambiamos pero convertirlo en una experiencia positiva. Saber que cada vez necesitamos menos. Que menos es más.

Siempre me ha parecido incomprensible el deseo de tantos por aparentar menor edad. ¿Cuál es la vergüenza de envejecer? ¿Qué tiene de malo?

¿Si el envejecimiento es inevitable, por qué preocuparse? Muy distinto es tener una vida saludable y hacer ejercicio, comer sano, dormir bien, hacerse chequeos médicos, caminar, etc. Perfecto. Eso se llama mejorar la calidad de vida. Bienvenido. Yo lo hago a consciencia. Diariamente. Pero tratar de convertir en reversible lo irreversible, es locura. O en el mejor de los casos, una pérdida de tiempo.

Es perderse la felicidad de envejecer. De soltar poco a poco. De volverse más liviano, más volátil. La felicidad de envejecer está en ser y no en aparentar. Dejar de correr agitado para caminar reposadamente.

Mirar las cosas con menos angustia, con más distancia. Dormir siesta, saborear las comidas. Callarse en una discusión para evitar el drama.

Con los años, mi vida espiritual se volvió más rica. No en el sentido religioso, sino en tener una vida interior más activa, más dialogo conmigo mismo. Cuando envejecemos con naturalidad, renacemos. Sí, es una forma de renacer. Regresar a lo básico. Recordar quiénes somos en realidad. Aceptar. Y vivir plenamente con los ojos y el corazón abiertos. Envejecer así es un privilegio. A todos se los deseo. Feliz 2021!

Ricardo Santamaría
Analista y escritor.
risasa1960@gmail.com

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