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Ricardo Santamaría
Columnista

Nuestra democracia I

Nuestra democracia está en crisis y hay que hacer muchas reformas.

Ricardo Santamaría
POR:
Ricardo Santamaría
septiembre 19 de 2022
2022-09-19 09:42 p. m.
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Uno de los teóricos de la democracia, Francis Fukuyama, publicó hace 30 años su libro El fin de la historia y el último hombre, en el cual sostenía que con el triunfo de la democracia luego de la Guerra Fría, se había llegado no solo al fin de la confrontación ideológica sino a eso: Al fin de la historia. Se iniciaba un período global de estabilidad liderado por el liberalismo económico y político. Pero 15 años después publicó nuevos trabajos en los que se entendía que se había equivocado. Recuerdo uno que se llamaba La construcción del Estado, hacia un nuevo orden mundial en el siglo XXI, que era una recopilación de conferencias suyas por varias universidades de EE. UU. y Europa. Asistí a una de ellas y por eso la tengo presente.

La tesis cambió. Para la vigencia plena de la democracia liberal no son suficientes sus tres pilares -Separación de poderes, libertad de expresión y elecciones libres y periódicas- sino que falta un elemento: El acceso igualitario de los ciudadanos a los servicios proveídos por el Estado como justicia o educación.

La democracia en Colombia y el mundo enfrenta desafíos derivados de diferentes fenómenos sociales, acciones violentas y terrorismo, corrupción, desplazamientos, protestas, migraciones y otro que aún no tiene nombre y es difícil calificarlo, porque suena antidemocrático hacerlo, que se refiere a la llegada al poder de gobernantes nacionales, regionales o locales radicales o sin experiencia administrativa y política, lo que hace de sus mandatos un fracaso. La democracia se queda corta frente a los problemas y situaciones que se presentan. Los gobiernos se tornan erráticos, dispersos y autoritarios.

¿Qué hacer para fortalecer la democracia? No hay una respuesta fácil. Hay que empezar por lo básico: Buscar equilibrio de poderes. Que ninguno sea predominante. Que el ámbito de cada uno se respete. En Colombia llegó la hora de reformar la manera de elegir las cabezas de los órganos de control, que son un cuarto poder, y que en ocasiones, se han convertido en engranaje de la corrupción y el clientelismo. No podemos seguir con el procedimiento de que son nominados por ternas del Presidente y elegidos por el Congreso. Ese contubernio impide que estos funcionarios puedan cumplir con su función fiscalizadora sobre el ejecutivo y el legislativo.

Se puede proponer que los candidatos a Fiscal, Procurador, Contralor, Defensor y Registrador, sean de partidos diferentes al del Presidente, nominados desde diversas entidades como las altas cortes, universidades o asociaciones de profesionales. Y que para su elección en el Congreso, solo puedan votar los senadores y representantes de partidos distintos al del Presidente o de su coalición de gobierno. O que algunos sean elegidos por voto directo.

Dirán que eso paraliza el ejecutivo porque se vuelve una lucha a muerte entre gobierno y oposición. Puede ser, pero quizás es mejor que lo que hoy existe. En fin. Nuestra democracia está en crisis y hay que hacer muchas reformas. Seguimos en próxima columna.

Ricardo Santamaría 
​Analista

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