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Ricardo Santamaría

Nuestra democracia II

Hay que reformar el funcionamiento del Congreso. Los partidos se deben a sus votantes, a su ideología, a su legado. 

Ricardo Santamaría
POR:
Ricardo Santamaría
octubre 03 de 2022
2022-10-03 09:24 p. m.
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Desde la columna pasada, comentamos algunos desafíos que hoy enfrenta la democracia colombiana. Vamos con este: Con el triunfo de Gustavo Petro en las últimas elecciones presidenciales quedó al descubierto cual es la verdadera ideología de los principales partidos políticos en Colombia. Esta es: jugamos con el ganador.

¿Cuál puede ser la ideología del Partido Conservador Colombiano si, indistintamente, pasa de ser de la coalición de gobierno de un presidente de derecha como Duque a ser también de la colación de gobierno de un presidente de izquierda como Petro? Se volvió, como lo han dicho algunos, un partido burocrático. Para acceder a cargos en el gobierno, apoya a uno y otro. Hace rato ni siquiera tiene candidato propio a la presidencia.

Varios partidos pasaron de Duque a Petro sin explicación razonable. ¿Qué implicaciones tiene esto para nuestra democracia? Se me ocurren varias. La política se ha convertido en una captura de porciones del Estado y del gobierno por parte de los partidos. La definición clásica de la antigua Grecia de la política como servicio público ha sido sustituida por una lucha por el poder para apoderarse de unas entidades públicas. Se ha perdido la magia del servicio. Hay excepciones claro, y muy notorias. Hay congresistas abanderados de causas fundamentales y que enfocan su trabajo como un servicio a la sociedad. Y no son pocos. También bancadas. Pero creo que son minoría.

Esto por supuesto debilita la democracia. Tenemos un problema de confianza en las instituciones y los partidos a ojos de los ciudadanos. De ahí la baja participación electoral que se mueve, dependiendo de cada elección, entre 40% y 60% . Es alta la abstención en Colombia.

¿Cómo ganar confianza? En primer lugar, desmontando y renunciando a tanto privilegio que tienen los congresistas: carros, celulares, viajes en primera clase, salarios altos, exceso de asesores, muchas vacaciones. Nunca paran de pedir. Ni por referendo logramos que se bajen el sueldo.

Un modelo a seguir es el parlamento sueco: en su trabajo, brilla la austeridad y se consideran ciudadanos comunes. Los viajes lo pagan ellos mismos, no tienen carro oficial ni asesores, los salarios son moderados, los horarios estrictos. El Estado les ofrece unos pequeños apartamentos para su estadía, pero deben pagar arriendo y servicios. Sus oficinas tiene 7 metros cuadrados. Están enfocados en el servicio y no en los privilegios. Y lo mas importante: responden con leyes relevantes para el país. La gente los ve como iguales, como servidores públicos, no como unos encopetados que se la pasan viajando, viaticando y trabajando poco.

Este que parece un tema menor, creo que es relevante porque es fuente de perdida de legitimidad de la democracia. Hay que reformar el funcionamiento del Congreso. Los partidos se deben a sus votantes, a su ideología, a su legado, no al poder al que acceden sin importar si el Presidente es de derecha o izquierda.

Ricardo Santamaría
Analista.

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