Ricardo Santamaría
Columnista

Son seres humanos, no cifras

Es un drama humano y social de proporciones inconmensurables. Imposible de comprender.

Ricardo Santamaría
POR:
Ricardo Santamaría
marzo 01 de 2021
2021-03-01 07:30 p. m.
https://www.portafolio.co/files/opinion_author_image/uploads/2016/02/24/56cdc348cffa7.png

Su nombre es Alberto. O Jonny, Santiago, Jesús Ferney, Gerardo, Rubén. Son 6.402 nombres.

Todos colombianos. Muchos menores de edad. Todos tienen padres y abuelos. Novias o esposas. Mejores amigos. Muchos tienen hermanos. Tíos, padrinos, profesores.

Los que jugaban futbol o hacían atletismo, tenían entrenadores. Los que trabajaban, tenían jefes y colegas. Hay monaguillos, cantantes, estudiantes de ingeniería, sobrevivientes de cáncer, ciclistas, obreros.

Las cifras no son lo más importante. Pueden ser 2 mil o 6 mil. Lo importante son las personas y la tragedia infinita que hoy enfrenta Colombia por los Falsos Positivos.

Eran jóvenes inocentes, con una vida y una familia, que fueron asesinados para mejorar, eso sí, las cifras de los resultados de la lucha contra las guerrillas.

Es un drama humano y social de proporciones inconmensurables. Imposible de comprender. Que oportuno sería que algún medio de comunicación publicara las fotografías familiares de algunos de ellos, y contara la historia de su vida a través del testimonio de sus padres, hermanos o amigos.

Como la de José David, o Hernán, que podría ser uno de ellos. Tenía 19 años y en el jardín de la casa de su tío en Suba, un lote que tenía detrás de su casa, había creado un refugio para perros.

Los recogía en todas partes. En Bosa, por ejemplo, donde vivía su hermano y salía los sábados a los parques en su bicicleta.

La ultima vez que los contó se dio cuenta que tenía once bien acomodados en corrales de buen tamaño. Tenía una página en Facebook donde los ofrecía en adopción y se pasaba los domingos de sol a sol recibiendo vecinos e interesados y jugando con los animales. En su archivo, con foto del perro y los adoptantes, llevaba registro de 47 casos.
Una noche, su tío recuerda que le dijo: “En dos años voy a tener un refugio cubierto con todos los servicios, y en 10 será el refugio de perros más grande de Bogotá”.

Lo último que supieron de el es que un sábado siguiendo las indicaciones de un supuesto párroco de nombre Milton fue a recoger un perro por la zona de La Conejera en Suba y desapareció.

Después de muchos días y un viacrucis interminable, su familia atónita y sin dar crédito a lo que les decían, se enteró que su cadáver fue encontrado en Sumapaz, zona rural de Bogotá, con uniforme de la guerrilla, fusil y unas botas de caucho dos tallas mas grandes.
En toda su vida, nunca disparó un arma. En su cuarto tenía una foto de un grafiti en Bogotá que decía “La Vida es Sagrada” y en su mesa de trabajo, a mano alzada, tenía los planos del “Refugio para Perros La Esperanza”.

Los falsos positivos no son números. Son seres humanos con una vida, una historia, un sueño por cumplir.

Para superar esta tragedia no será suficiente la verdad, justicia y reparación, sino también humanizar estas historias. Pedirles perdón a estos seres humanos inocentes y sus familias y recordar sus vidas.


Ricardo Santamaría
Escritor y analista.
risasa1960@gmail.com

Destacados

  • OPINIÓN
  • NEGOCIOS
  • MIS FINANZAS
  • TENDENCIAS

Nuestros columnistas

día a día
Lunes
martes
Miércoles
jueves
viernes