Ricardo Santamaría
columnista

Una guerra perdida

Juan Manuel Santos tiene razón cuando dice que “una guerra que no se ha ganado en 40 años, es una guerra perdida.

Ricardo Santamaría
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Ricardo Santamaría
julio 02 de 2019
2019-07-02 09:22 p.m.
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El problema, más que la cocaína, es la guerra contra la cocaína: La guerra contra las drogas ilícitas en el mundo es un fracaso. La prohibición no es el camino. Se intentó por 40 años y los resultados, según el Informe Mundial sobre las Drogas de la ONU conocido esta semana, no pueden ser más desalentadores: “El consumo de drogas causa más muertes que nunca y el mercado ilegal está en sus máximos históricos” (El Tiempo, edición del 26 de junio).

Pero hay algo, en mi concepto, más grave en el informe: en prevención de consumo y tratamiento de adictos, no se hace prácticamente nada en el mundo: solo 1 de cada siete personas con problemas de droga, recibe atención adecuada.

El enfoque actual con el cual se enfrenta este problema -Prohibición, responsabilidad compartida entre países productores y consumidores y guerra frontal a los carteles y capos de las drogas- está agotado. Fue el presidente Virgilio Barco quien, en la segunda mitad de los años ochenta, llevó a Estados Unidos el tema de la responsabilidad compartida de la lucha contra las drogas ilícitas entre países productores y consumidores. No era solamente un asunto, en esa visión, de perseguir a los cultivadores y traficantes colombianos, sino también a las mafias que las distribuían en las calles de Nueva York, Londres o Madrid. En su momento fue una revolución en esas políticas, pero la violencia, el terrorismo y la corrupción asociada al tráfico de drogas desbordó todo.

Y es lo que no trae el informe de la ONU. Solo tomando a Colombia, el narcotráfico ha financiado en las tres últimas décadas a guerrillas y paramilitares, en el más cruento conflicto del hemisferio occidental que ha dejado decenas de miles de muertos, desaparecidos, secuestrados y millones de víctimas y desplazados.

Para cambiar esto se necesita un nuevo consenso mundial que revalúe esta política, pasando de ser un asunto de seguridad nacional o global a uno de salud pública. Legalizar, con efectivos controles y normas, la producción y el consumo de las drogas ilícitas, básicamente coca y opio, y volcar todos los recursos y esfuerzos que hoy se hacen en interdicción y persecución, hacia políticas efectivas y audaces de prevención de consumo y tratamiento de adictos.

El asunto con la marihuana, que según el informe de la ONU es la droga más popular entre los consumidores, tomó ya un camino razonable en el mundo dado que algunos países como Uruguay han legalizado su producción y consumo y en naciones como China, Colombia y México, entre otros, crece a pasos agigantados la producción de cannabis medicinal, legal por supuesto, para el mercado mundial.

Hay otra ventaja para la legalización de las drogas: Las exitosas políticas que se vienen implementando en Islandia, país que bajó dramáticamente los índices de consumo de bebidas alcohólicas entre los jóvenes a través de un modelo que denominan de “embriaguez natural”, usando la música, el baile y los deportes, gracias al cual los adolescentes reemplazan con actividades sanas y recreativas el uso del alcohol. Inspirado en esto, se puede hacer lo mismo frente a las drogas.

Necesitamos un nuevo liderazgo en la Secretaría General de la ONU, capaz de lograr ese consenso mundial para resolver uno de los problemas más críticos de nuestro tiempo, por la corrupción y la violencia que produce, y para darle esperanza a millones de adictos y sus familias para que puedan rehacer sus vidas. Juan Manuel Santos tiene razón cuando dice que “una guerra que no se ha ganado en 40 años, es una guerra perdida”.

Ricardo Santamaría
Analista. risasa1960@gmail.com

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