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Ricardo Santamaría

Vuelve la paz

Ningún esfuerzo de paz sería completo, mientras siga vivo el narcotráfico que ofrece recursos ilimitados a todas las organizaciones criminales,

Ricardo Santamaría
POR:
Ricardo Santamaría
junio 27 de 2022
2022-06-27 06:29 p. m.
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Enhorabuena regresa a la agenda nacional el tema de la paz. Para que Colombia se encamine con todo su potencial en el camino del progreso, bienestar y crecimiento, es necesario por fin consolidar la reconciliación. El acuerdo firmado con las FARC durante el Gobierno Santos fue un paso fundamental en esa dirección. Es hora de retomar el camino. Petro ha dicho que trabajará por la “paz integral”. Veo cuatro aspectos sobre los cuales aterrizar este propósito.

Primero, abrir una negociación con el ELN para permitir su desmovilización, desarme y reincorporación a la vida civil. A pesar de que el ELN y las FARC son guerrillas distintas, los instrumentos y enfoque construidos para el proceso en curso en temas de justicia, políticos, incorporación de exguerrilleros a la vida institucional y reparación de víctimas pueden usarse para esta ocasión. Lo que sería distinto, se refiere a aspectos temáticos sobre los que el ELN tiene interés.

Segundo, darle todo el apoyo institucional y de Estado al trabajo de la Comisión de la Verdad y la Jurisdicción Especial de Paz. A mediados del próximo julio está prevista la entrega del informe final de la Comisión y será un momento clave para sanar heridas abiertas durante el conflicto.

En cuanto a la JEP, ya hemos visto durante las ultimas semanas la comparecencia de las jefes de las extintas FARC ante este organismo y ha sido a la vez aterradora y sanadora. Aterradora por la crudeza de los delitos innombrables e inhumanos que se cometieron con los secuestrados y sus familias. Y sanadora porque cuando la verdad sale a flote hay esperanza para la reconciliación. La JEP cumplirá su labor. Tercero, continuar el trabajo de consolidar la paz en los antiguos territorios de presencia guerrillera. Hay que proteger la vida de los excombatientes y traer esperanza y desarrollo a estas regiones y comunidades.

Y cuarto, ponerle fin al narcotráfico que antes como ahora, es la gasolina que alimenta el conflicto. Sin su financiación, hace tiempo habríamos superado nuestra guerra interna porque, por igual, ha financiado a guerrillas, paramilitares y toda clase de estructuras ilegales. Y para solucionar el tema del narcotráfico en Colombia y el mundo, no hay otro camino que el de la legalización o regulación.

Esta ya es una verdad aceptada por todos los que de manera seria hacen un diagnóstico del problema. La pregunta es si Colombia, en solitario, puede avanzar en este camino sin convertirse en un paria internacional.

Y la respuesta es si. Hace dos años, el senador Ivan Marulanda presentó al Congreso un proyecto de ley que bien puede revivirse hoy con un novedoso instrumento según el cual el Estado compra toda la cosecha de coca, destruye la mayor parte y el resto la reparte entre las comunidades ancestrales, los productos comerciales legales y un programa de adictos manejado por el ministerio de salud.

Ningún esfuerzo de paz sería completo, mientras siga vivo el narcotráfico que ofrece recursos ilimitados a todas las organizaciones criminales y promueve la corrupción a todo nivel.

Ricardo Santamaria
Analista

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