Ricardo Villaveces P.

La tiranía del ‘big data’

En mayor o menor grado, todos nuestros candidatos deben estar acudiendo al big data para desarrollar sus campañas.

Ricardo Villaveces P.
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Ricardo Villaveces P.
abril 01 de 2018
2018-04-01 03:22 p.m.
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El progreso tecnológico está redefiniendo el mundo, la sociedad y a los individuos a velocidades que todavía somos incapaces de asimilar, y actividades que se adelantaban de manera similar por muchos años adquieren características impensables cuando están mediadas por la tecnología.

Los métodos estadísticos y el análisis numérico son esos frentes que nos están generando cambios propios de la ciencia ficción. En 1949 George Orwell publicaba su novela 1984, en la cual imaginaba una sociedad controlada por un “gran hermano”, donde la “policía del pensamiento” vigilaba el comportamiento de los hombres para asegurarse que nadie se extraviara de las directrices de ese poder omnipresente que generaba incluso un nuevo lenguaje para reafirmar el control sobre las personas.

Pues bien, las prácticas tradicionales de actividades como el mercadeo de productos, servicios o candidatos políticos que tradicionalmente se ha realizado a través de encuestas, de focus groups y de herramientas similares adquiere en la actualidad unas características muy diferentes.

El progreso de computación que permite que un iPhone tenga más capacidad de procesamiento que la que tenía toda la Nasa cuando se envío el primer hombre a la luna, hace posible que lo que era teórico en materia de modelos cuantitativos se convierta hoy en los famosos algoritmos, que mediante el procesamiento masivo de datos y la estructuración adecuada de formulaciones, relaciones y medidas, sea posible desarrollar una capacidad de predicción sobre el comportamiento de las personas como nunca se hubiera podido imaginar.

Pero es mucho más, el desarrollo de ese campo llamado del big data hace posible no solo pronosticar, sino segmentar y dirigir mensajes, casi que personalizados, a cientos de miles de personas simultáneamente, lo que es factible por la existencia de herramientas como las redes sociales y desarrollos como el del geoposicionamiento (GPS), que permite no solo saber cómo se comportan ciertos grupos, sus preferencias y tendencias, sino saber dónde están.

Los señores de Cambridge Analytica, tan populares por estos días, aseguran que se puede disponer de cinco mil puntos de información de cada ciudadano norteamericano por el rastro digital que dejan en su vida cotidiana. Esto hace posible diseñar estrategias efectivas de mercadeo de productos o personas, pues permite algo fundamental cuando se trata de incidir en el comportamiento de grandes grupos, y es focalizar el mensaje. Es así como en la campaña de Trump no se tuvieron que desgastar en llegar a millones de votantes con sus mensajes. Wisconsin, Michigan y Pennsylvania definieron la elección, pues era allí donde los algoritmos recomendaron concentrarse sin importar que en el voto popular la señora Clinton hubiera ganado por más de tres millones de votos.

En mayor o menor grado, todos nuestros candidatos deben estar acudiendo al big data para desarrollar sus campañas. ¿Hasta qué punto estaremos entrando en el mundo manipulado por los datos y la tecnología, en el cual es poco lo que importan los planes de gobierno y las ideas, y terminemos con unos resultados producto de este nuevo mundo digital?

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