Ricardo Villaveces P.

¿Catástrofe?

Convocar una Constituyente permite saber cómo empieza este proceso, pero nadie sabe en qué termina, y puede terminar muy mal.

Ricardo Villaveces P.
POR:
Ricardo Villaveces P.
junio 09 de 2019
2019-06-09 02:14 p.m.
http://www.portafolio.co/files/opinion_author_image/uploads/2016/02/19/56c7865def38d.png

La telenovela de Santrich ha generado todo tipo de reacciones y ha sido aprovechada por quienes gustan de ‘pescar en río revuelto’ para generar emociones que harían pensar que el país está al borde de la disolución, y que son necesarias medidas extremas como la aplicación de normas de excepción diseñadas para afrontar verdaderas crisis, o convocar una Constituyente a título de fórmula mágica para solucionar los problemas.

Es cierto que puede haber situaciones en las que ese tipo de mecanismos puedan ser requeridos, pero no es menos cierto que los que plantean esta opción como la vía milagrosa, lo mínimo que deberían estar diciendo es para qué quieren cambiar la Constitución. Lo más fácil, claro está, es salir con lugares comunes como el de que hay que mejorar el sistema de justicia, pero esas afirmaciones generales poco contribuyen a entender qué es lo que se quiere cambiar. Lo cierto, de otra parte, es que convocar una Constituyente permite saber cómo empieza este proceso, pero nadie sabe en qué termina, y puede terminar muy mal. Mas incierto es todavía, lo que de allí pudiera salir cuando es bastante evidente que la opinión está muy dividida y la tan mentada polarización puede llevar a resultados imprevistos y poco deseados.

En cambio, de estas posiciones catastrofistas resulta más constructivo ver las cosas con objetividad y entender que, si bien es cierto, que las decisiones alrededor del caso Santrich no son las que con seguridad muchos quisiéramos, lo que se ha visto es que la separación de poderes ha sido operado y las instituciones están funcionando y avanzan en un proceso de construcción de la reciente JEP. Esta entidad está lejos de ser perfecta, pero es el camino para avanzar en la reconciliación de los colombianos, como lo viene reconociendo la comunidad internacional.

Las entidades internacionales, de otra parte, lejos de vernos como el país en crisis que tratan de mostrar los ‘profetas del desastre’, que quieren con eso presentarse como salvadores, nos están viendo de forma bastante positiva. No es coincidencia que instituciones como el Banco Mundial, la Ocde o el FMI están afirmando que la economía colombiana se encuentra en una situación relativa mejor que la de economías comparables, e incluso están corrigiendo sus estimativos de crecimiento al alza. La inversión extranjera en lugar de estar saliendo sigue ingresando a buen ritmo y las temidas calificadoras han mantenido la calificación del país. El desempeño empresarial en el primer trimestre ha sido aceptable, e indicadores como el de la cartera vencida de los bancos ha mejorado. La inflación sigue dentro de los objetivos del Banco y la tasa de cambio, afectada en algo por los vaivenes internos de la opinión, en lo esencial sigue comportándose en línea con lo que pasa en el mundo.

¿No será hora de que en lugar de seguir dejándonos arrastrar por ese vértigo, al que algunos inducen y otros se dejan llevar, pensemos en cómo sumar esfuerzos para consolidar estas tendencias positivas y sacar adelante una agenda nacional que mucho requiere el país?

Nuestros columnistas

día a día
Lunes
martes
Miércoles
jueves
viernes