Roberto Junguito
columnista

Los presidentes y la política económica

El ejemplo de lo que no deben hacer los jefes de Estado en materia económica se simboliza con lo que viene sucediendo en EE.UU. con Trump.

Roberto Junguito
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Roberto Junguito
enero 08 de 2019
2019-01-08 07:14 p.m.
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Uno de los temas de discusión a nivel mundial es el grado y detalle al cual los presidentes de la república se deben involucrar en la definición y el manejo de la política macroeconómica de un país, sobre todo en la orientación cotidiana de esta. Existe gran consenso en el sentido de que, en su etapa de candidatos a la presidencia, y como líderes de la opinión pública deben señalar la orientación general que, a su juicio, tendría la política económica del país en caso de ser elegidos.

Esto le permite a los electores identificar si el gobierno sería amigable a la economía de mercado, si va a ser intervencionista, a elevar los impuestos, liberalizar el comercio exterior y a estimular la actividad económica y mediante cuales mecanismos, y también conocer los programas sociales que va a adelantar y la forma de financiarlos.

Es decir, que el futuro mandatario, tanto en carácter de candidato como de presidente debe definir el modelo económico de su gobierno. Obviamente, debe participar y liderar las discusiones económicas en el seno del gobierno, que se lleven en los consejos de política económica y social, en la formulación del plan de desarrollo y aprobar los proyectos de ley que se presenten en el Congreso, así como coadyuvar a su equipo económico a que estos sean aprobados por el legislativo.

No obstante, los presidentes, salvo cuando sean profesionales expertos en economía, como quizás fue el caso excepcional de Carlos Lleras y César Gaviria en Colombia, no deben liderar la formulación y puesta en marcha de la política económica cotidiana, esta tarea debe recaer sobre el equipo económico del gobierno, en cabeza del el ministro de Hacienda y, menos aún, intervenir en temas especializados como la política monetaria y cambiaria, que, usualmente, recae en bancos centrales independientes.

El ejemplo de lo que no deben hacer los jefes de Estado en materia económica se simboliza con lo que viene sucediendo en Estados Unidos con el presidente Donald Trump, quién ha venido interfiriendo de manera directa en los asuntos económicos de su país en los temas fiscales, comerciales y, recientemente, en los monetarios y las tasas de interés. En la cuestión tributaria, Trump, propuso una rebaja en la los impuestos a las empresas sobre lo cual se había pronunciado desde su campaña presidencial. Más allá, en el campo de la política comercial, el presidente interfirió de manera directa, inadecuada y perversa, al proponer el establecimiento de tarifas arancelarias al hierro y al acero, y luego a las importaciones de China, lo cual ha desembocado en una verdadera guerra comercial con repercusiones adversas sobre la economía mundial.

Y en días recientes, decidió opinar sobre la política monetaria al afirmar que el único problema de la economía de su país era la política de la Reserva Federal. Esto condujo a una gran incertidumbre e inestabilidad en los mercados. El cuidadoso pronunciamiento del presidente de la Reserva Federal, en el sentido que esta será más parsimoniosa en los ajustes de las tasas de interés, pero que no renunciaría a su cargo si el Trump se lo solicitara, tendió a tranquilizar los mercados.

Roberto Junguito
Exministro de Hacienda
roberto.junguito@gmail.com

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