Rodolfo Segovia S.
Columnista

Iconoclastas criollos

Eliminando la idolatría de las imágenes, la ortodoxia se acercaba al Islam austero y sin representaciones de seres vivos. 

Rodolfo Segovia S.
POR:
Rodolfo Segovia S.
mayo 06 de 2021
2021-05-06 07:30 p. m.
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La etimología de iconoclasta viene del griego y significa ‘ruptura de imágenes’. Bandas de rompientes criollos deambulan por las ciudades colombianas derribando estatuas, versión criolla de la iconoclastia. Pocos saben que su quehacer tiene raíces bizantinas, puesto que fue en Constantinopla y su imperio donde tuvo lugar la mas grande ruptura de imágenes.

A partir del año 730, el emperador de Bizancio, León III el Isáurico, ordenó la destrucción de las pinturas y esculturas de los santos y de Cristo que eran del día a día de sus súbditos, al punto que las monedas llevaban la imagen de El Salvador. Por ese entonces, el imperio se hallaba asediado por los musulmanes y había perdido sus dominios africanos y asiáticos, excepto Anatolia. Temía por su suerte.Constantinopla fue sitiada dos veces por los musulmanes, en 664-68 y en 717-18. En ambas ocasiones fueron rechazados por la muralla de Teodosio que la rodea y por el fuego griego, destructor de flotas, un arma secreta con la que se incendiaban las naves enemigas. A pesar de esas victorias, la amenaza continuaba y se hizo popular la noción de que, eliminando la idolatría de las imágenes, la ortodoxia se acercaba al Islam austero y sin representaciones de seres vivos. Así nació la iconoclastia, que terminó definitivamente en Bizancio hacia el 842.

La iconoclastia renace a ratos. El más reciente al derrumbarse el régimen comunista, cuando se fueron al suelo las estatuas de Lenín. En general la intención política de esos gestos es flor de un día y se diferencia de lo que estamos viviendo hoy en Colombia, donde la intención política es de largo aliento. Lleva detrás un intento de reprogramación del pasado.

Los jóvenes de la algazara iconoclasta, que no conocen a quien tumban porque no se lo han enseñado, y para quienes es un divertido deporte anárquico el destruir pasado por las sinrazones que con que amarran cuerdas no saben que son instrumentos de una ideología. O no lo saben, pero lo intuyen. Detrás de sus impulsos-direccionados-está la intención premeditada de borrar el recuerdo de los 500 años de formación de la hoy República de Colombia. Los nuevos arquitectos se apoyan en los filósofos neomodernistas, como Faucult o Chomsky, quien sostiene que “parte del trabajo de la historia es la de conformar nuestra visión del pasado para que sostenga los intereses del poder del presente”. Y de manera aún mas profunda, preconizan la “deconstrucción” de la sociedad para reensamblarla desde un tablero vació. Los símbolos, malvados o santos, tienen que caer, para que hacia el futuro “el mensaje sea el hecho”.

Frente a la amenaza existencial que representa la pequeña -los videos muestran que no son muchos- turba de iconoclastas, bueno es remontarse a don Sancho Jimeno, quien ante el peligro real de piratas franceses contra Cartagena se irguió en su defensa en 1697. Su ejemplo es histórico y hay que atenderlo, antes de que lo borren porque perseguía esclavos escapados, según la usanza de sus tiempos. Si no se defienden las estatuas se entrega el pasado y con él, el futuro.

Rodolfo Segovia Salas
Exministro - Historiador.
rsegovia@sillar.com.co

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