Rodolfo Segovia S.
columnista

Pabla tiene dolores de parto

Desde lejos, han procedido sin sentido de pertenencia y con desprecio por la historia colombiana. No es admisible. 

Rodolfo Segovia S.
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Rodolfo Segovia S.
octubre 29 de 2020
2020-10-29 09:54 p. m.
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Se diría que al fin va a parir Pabla. El edificio Aquarela está en camilla para demolición. La Alcaldía de Cartagena, en conjunto con el Ministerio de Cultura, ha solicitado a la Comisión Asesora para la Gestión del Riesgo y Desastre que erradique. El chiste vale $2.000 millones, que sufragará en su mayor parte de Comisión, para luego repetir contra los constructores.

Son buenas noticias. Se acerca diciembre, cuando la Nación tendrá que informarle a la Unesco sus disposiciones para la protección, óptica en este caso, del Castillo de San Felipe de Barajas, prerrequisito para que Cartagena conserve su título de Patrimonio Cultural de la Humanidad. Para Colombia sería una humillante catástrofe que su mas visible sitio Unesco fuese degradado y desclasificado.

La ruta del parto ha sido larga y retrechera: van tres años. Comenzó cuando dada la herida visual, que ya era de 22 pisos, Mincultura interpuso una Acción Popular contra la Alcaldía de Cartagena, que de nada parecía haberse dado cuenta, y los constructores, con el propósito de parar la obra. Llovieron centellas, pero se logró el objetivo. Este paso, y los siguientes, se deben a la loable tenacidad del doctor Alberto Escovar Wilson-White, director de Patrimonio Cultural de Mincultura, y al acompañamiento de la Procuraduría.

Los constructores, Promotora Calle 47, adujeron inicialmente su buena fe. Habían obtenido licencias para construir cuatro torres de 30 pisos en un lote donde era permitido. El que ese permiso se hubiese conseguido mediante una resolución legalmente dudosa de la Secretaría de Planeación con la que modificó el POT de la ciudad, corruptela recurrente siempre con nombre propio, los eximía de consecuencias. No así, sin embargo, de sus otras pilatunas.

Escarbando y midiendo, el Dr. Escovar encontró que Aquarela invadió el espacio público del edificio en marcha en mas de 600 metros y que, por si fuera poco, pretermitió la aplicación de normas sísmicas. Estas son transgresiones mayores, que no se subsanan sino con la demolición. El alcalde William Dau, empero, no estaba convencido. Temía repercusiones para la ciudad y para él. Cada alma es dueña de su miedo.

Ante las dudas, entró en escena la Agencia Nacional de Defensa Jurídica del Estado, que estudió Aquarela en todas sus aristas. El dictamen fue concluyente: en derecho el alcalde debe ordenar la demolición del edificio, sin esperar pronunciamientos judiciales, so pena de hacerse acreedor a sanciones. El doctor Camilo Gómez, director de la Agencia, se desplazó a Cartagena para compartir sus conclusiones con William Dau. Humo blanco.

Mientras tanto, las tres sociedades dueñas de Promotora Calle 47 permanecen embozados, nadie los conoce en Cartagena, ciudad que han vejado y pretendido burlar. Va siendo el momento de que los desenmascaren para que presenten excusas por su falta de respeto por el patrimonio nacional y sufran sanciones morales y jurídicas. Desde lejos, han procedido sin sentido de pertenencia y con desprecio por la historia colombiana. No es admisible

Don Sancho Jimeno, el defensor de Bocachica en 1697, desaprobaba los Autos de Fe de la Inquisición, pero consideraba que para preservar la religión católica y romana era ejemplar someter a los herejes reconciliados al escarnio público, ataviados con sus sanbenitos amarillos.

Rodolfo Segovia Salas
Exministro - Historiador

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