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Rodolfo Segovia S.

Partidos en añicos

Es previsible que el veredicto favorable de las urnas lo obtenga quien tenga más plata el día de las elecciones, y que lo rechace el perdedor.

Rodolfo Segovia S.
POR:
Rodolfo Segovia S.
abril 21 de 2022
2022-04-21 10:16 p. m.
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Los partidos Conservador y Liberal eligieron presidente de Colombia desde mediados del siglo XIX hasta Álvaro Uribe, quien los volvió añicos en 2002. De entonces acá, el elector contempla una colcha de retazos, sin la fila india de antaño (cualquier payaso se siente con arrestos para ser presidente, un puesto arduo como hay pocos).

Partidos sin capacidad para arrastrar opinión que son cascarones dispensadores de avales, habitados por caciques que están a la caza de los repartos del gobernante de turno (en la presidencia o en las regiones). Son el caldo de cultivo de la corrupción. Y a partidos débiles, débil democracia.

Mientras tanto, la izquierda dura tiene por primera vez en este país del Sagrado Corazón y del todo vale una real posibilidad de poder. La tan cacareada polarización del país consiste en la dificultosa digestión de esa realidad. Va en contravía de 200 años de penosa construcción de democracia representativa, uno de cuyos principio rectores es el mismo alfanje que la amenaza: solo la victoria en la urnas legitima el poder.

La testarudez del movimiento guerrillero en Colombia, prolongada porque su avance paulatino la puso en las goteras de Bogotá, retrasó el avance electoral de la izquierda. Solo cuando, con el impulso del Foro de Sao Paulo se tomaron en serio las enseñanzas de Antonio Gramsci en ‘Las cartas de la cárcel’ ha podido avanzar y aglutinar voluntades a través de penetrar culturalmente el medio social.

La izquierda acentuó entonces la cooptación en los estamentos académicos y artísticos, movimientos sociales y de juventudes, el poder judicial y estamentos políticos (oportunistas o no), apoyada en la tecnología de las ‘bodegas’ y con el estribillo de que el capitalismo en malo. Ha sido una invasión un tanto caótica, pero efectiva, en la que la izquierda dura, franca o camuflada, ha encontrado aceptación y, con ello, se ha profundizado la polarización.

Don Sancho Jimeno supo de polarización al final de sus días, no tanto en América, fiel al borbón Felipe V, como en España. A partir de 1701, una lucha de 15 años por el trono hispano entre Borbones y Habsburgos asoló la Península y amargó la vejez del defensor de Bocachica en 1697. El antídoto de los extremos es el centro, donde al parecer se sitúa la mayoría de los colombianos. Pero esta vez sus dirigentes han sido menos que el Centro mismo, y hay ya poco que hacer dentro de las reglas del juego.

Ahora se está en que el gobierno y un osario de partidos sumen el anti en contra de una izquierda dura triunfalista y apoderada del cambio, mientras las fuerzas de centro desamparadas dudan entre dos males (o por lo menos así los perciben). Se querría mejor para Colombia, pero es previsible que el veredicto favorable de las urnas lo obtenga quien tenga más plata el día de las elecciones, y que lo rechace el perdedor. A eso ha llevado la descomposición de los partidos.

Rodolfo Segovia
Exministro e historiador.

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