Rodolfo Segovia S.
columnista

Viena locuta est

Cualquier barrilito por encima de sus 865.000 b/d que dejen fluir la guerrilla o los ecofúricos encontrará mercado a buen precio.

Rodolfo Segovia S.
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Rodolfo Segovia S.
junio 28 de 2018
2018-06-28 08:01 p.m.
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La semana pasada, en Viena, la Arabia Saudita con sus aliados del Golfo Pérsico y Rusia acordaron incrementar nominalmente la oferta de crudo en un millón de barriles diarios (b/d). Algunos de los 24 países del cartel ampliado en el 2016, como Irán, Irak y Venezuela, aceptaron a regañadientes. Son los que no tienen capacidad excedente y resienten perder participación de mercado.

Pero nada pueden hacer: Irán verá reducirse sus exportaciones por las sanciones Trump; deficiencias en la infraestructura limitan aumentos en la producción de Irak; y Venezuela ni hablar.

Los portavoces del consorcio voluntario, ministros de energía Alexander Novak, de Rusia, y Khalil Al-Falih, de Arabia Saudita, dejaron claro que los nuevos barriles no se asignarán en proporción a las actuales cuotas de cada país. El reparto lo hará, según conveniencia y disponibilidad, el Comité Ministerial de Monitoreo que presiden Rusia y Arabia Saudita; un zar de dos cabezas que consolida su dominio del grupo. El comunicado final consigna que todos siguen obligados por el acuerdo del 2016, cuando se hicieron los recortes, pero que ninguno será penalizado si se excede. Saludo a la bandera.

De las 24 naciones del consorcio solo un tercio, en esencia los aliados del Golfo Pérsico y Rusia, más algo de Azerbaiyán (30.000) y Angola (25.000), pueden bombear significativamente más que su cuota. Arabia Saudita sí tiene un colchón de más de dos millones de b/d y muy seguramente va a suplir cerca de la mitad (400.000 b/d) de la relajación decretada en Viena. El Comité Ministerial “asegura que está garantizado el suministro de energía y que este será gestionado por un responsable grupo de países productores”. La fortaleza de la alianza petrolera Arabia-Rusia determinará el futuro de la industria en los años venideros.

Don Sancho Jimeno aprendió a vivir con dos reyes: su propio Felipe V y el abuelo de este, Luis XIV de Francia. Ambos mandaban pero se hacían pasito. No hubo repetición de la catastrófica caída de Cartagena en 1697.

Los grandes quedaron contentos, incluido Trump, que en sus trinos exigió al aliado saudita moderación, pensando en las elecciones de noviembre, en el alza de los precios. Ahora queda en libertad para apretar más fuerte a Venezuela e Irán. A este último las sanciones ya lo están mordiendo por el retiro de algunos de sus grandes compradores. En principio, el crudo Brent debería estabilizarse en US$70-80 por barril.

Pero no todo es color de rosa a mediano plazo por el lado de la oferta. La mayor disrupción se va a presentar muy pronto por la cuenta del rey Midas: la cuenca del Permian, que es la casa del fracking y donde la producción ha venido aumentando 800.000 barriles anuales.

La capacidad de los ductos para llevar el crudo de la cuenca a los mercados está por convertirse en cuello de botella. Tomará un año o más desembotellar. La producción podría estabilizarse en 10.600.000 b/d.

De otra parte, ni en Nigeria ni en Libia hay asomos de solución de sus crisis profundas. En resumen, el mercado tendrá solo los suministros que Rusia y Arabia Saudita determinen.

En este escenario, Colombia (productor 22 en el mundo) va en coche. Cualquier barrilito por encima de sus 865.000 b/d que dejen fluir la guerrilla o los ecofúricos encontrará mercado a buen precio. Buen comienzo de gobierno.

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