Rodolfo Segovia S.
Columnista

Sabiduría romana

Las raíces del conflicto se pierden en las simas del tiempo, donde se esconden también los muertos.

Rodolfo Segovia S.
POR:
Rodolfo Segovia S.
junio 17 de 2021
2021-06-17 08:30 p. m.
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Los insurrectos hacen la guerra a los colombianos. Las víctimas son múltiples y permean la sociedad. La guerra existe. Las fuerzas de orden, las de la autoridad legítimamente constituida, responden como pueden o los dejan. Las raíces del conflicto se pierden en las simas del tiempo, donde se esconden también los muertos. Algún día habrá que enterrarlos; ese será el día de la paz.

Mientras tanto la vida de la nación discurre en la anormalidad. La mayoría de los colombianos están hasta la coronilla; abismados ante el daño hecho, y el que se continúa haciendo, y ante la sin salida. Como aprendió de niño don Sancho Jimeno, el héroe de Cartagena en 1697, quizá la fórmula de la salvación se encuentre en las lecciones del pasado, en la república romana de Escipión el Africano y Catón el Viejo.

Esa Roma era un modelo extremo de régimen legislativo. Un senado autocrático, compuesto por patricios cuyo abolengo se remontaba a los dioses, temía el regreso de los reyes Etruscos, que ellos habían derrocado. Y por ello, castraron al ejecutivo. Elegían de su seno, no uno, sino dos cónsules, y solo por un año, entre quienes habían transitado un riguroso cursus honorum. Pero no eran bobos.

Desde sus albores, amenazaban a la ciudad del Tíber sus vecinos etruscos y las belicosas tribus de los Apeninos. Cuando estas últimas alguna vez la acorralaron, acudió a un expediente salvador: los quisquillosos patricios (lo eran y mucho), tan pegados de sus prerrogativas, eligieron un dictador pro témpore, con poderes absolutos por tiempo limitado. Cincinato, el dictador, cruzó la historia como un mensaje de watsapp: en 16 días (431 AC) deshizo al enemigo, para regresar a su arado como si nada hubiese sucedido, en un gesto que todavía hoy se pondera.

Cuando Breno, el galo desnudo del vae victis (¡ay de los vencidos!) se toma la ciudad y exige un rescate, el senado llama a Camilo, quien exclama: “la patria se recupera con hierro, no con oro”, y cumple. En el elenco dictatorial está también el mas longevo de todos: Quinto Fabio Máximo, quien fue llamado cuando Aníbal cruza los Alpes y propina a los romanos la mas aterradora muenda (Cannae, 216 AC) que se conozca de batalla alguna en toda la historia. Se prohíbe la palabra pax y el dictador enloquece al cartaginés durante años con guerra de guerrilla, sin jamás darle la cara. Aníbal tuvo que retirarse de Italia, para caer derrotado por Escipión en la batalla de Zama.

Los dictadores romanos debieron su éxito a dos condiciones esenciales: los poderes los otorgaba el legislativo, o sea el senado, representante de la civilidad romana, y su misión era temporal. Además, gozaban de total inmunidad judicial al concluir su tarea.

A esta patria de aquí la asedian samnitas, galos y cartagineses, todos al mismo tiempo. ¿Cabrán medidas excepcionales y rápidas para atender a la vez justos reclamos, creación de empleo, equilibrio macroeconómico y para el someter a narcotraficantes e insurgentes? Roma locuta est.

Rodolfo Segovia
Exministro e historiador.

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