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Rodolfo Segovia S.
Columnista

Sepulcro de imperios

Afganistán, la mitad de grande que Colombia, se encuentra en una esquina del mundo donde coinciden el Asia Central, la meseta persa y el Indostán.

Rodolfo Segovia S.
POR:
Rodolfo Segovia S.
agosto 26 de 2021
2021-08-26 09:56 p. m.
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Sepulcro de imperios llaman a Afganistán por su resistencia a la ocupación extranjera. ¿Pero quiénes son los 38 millones de afganos? Poco se conoce por estos lares acerca de la trimilenaria historia de los 4.000 que nos van a llegar huyendo de los talibanes. Para empezar, se les confunde con árabes, con los que solo comparten la adherencia al islam, en su rama sunita (la mayor parte). Afganistán, la mitad de grande que Colombia, se encuentra en una esquina del mundo donde coinciden el Asia Central, la meseta persa y el Indostán. De ahí que étnica y culturalmente hayan recibido aportes de todas esas geografías.

La mayoría de su población es de origen ario -como los europeos-, y el dari (persa) es la lingua franca en un país con varios idiomas locales. La etnia más numerosa es la Pastún (40%), de donde proceden la mayoría de esos talibanes que imponen la ley islámica estricta. Son también importantes los tayikos y los uzbecos de origen turcomano (35% entre ambos) y los muy victimizados y relegados a trabajos serviles hazaras, mezcla pérsico-mogólica que profesa la versión chiita del islam, y que hoy pueden ser el 10%.

Afganistán aparece en la historia como parte del imperio persa aqueménide, el de Ciro el Grande, que destruyó Alejandro Magno (332 AC). Este, no la tuvo fácil por aquellas breñas. Para que lo aceptaran, casó con la bella princesa Roxana, madre de su único hijo. A su muerte, Seléuco se hizo a la gran Persia con Afganistán, pero pronto este y la vecina Bactriana, por donde pasaba la ruta de la seda, se desprendieron para formar un gran imperio grecobactrio. Se extendió hasta la India, y de ahí nació la influencia budista, con los Budas gigantescos que los talibanes destruyeron en 2001. Al disolverse, Afganistán hizo parte del imperio persa sasánida, hasta la invasión mahometana del siglo VII y la conversión al islam, que allí, donde veneraban a Zoroastro, demoró tres siglos.

El Afganistán musulmán demostró su feroz independencia y su celo en rechazar a iraníes, turcos y mongoles (Gengis Kan, Tamerlán). El Afganistán moderno partió, en 1747, de la etnia pastún y de Ahmed Sha Durrani, fundador de una monarquía que permaneció hasta 1973. Medio siglo más tarde se consolidaría el dominio británico de la India y la extensión del imperio ruso hacía el sur. El Gran Juego se bautizó ese choque en el siglo XIX. En la mitad estaba Afganistán que dominaba los pasos del Hindú Kush, la gran montaña himalaya que los separaba. Por temor a la influencia rusa, Gran Bretaña ocupó Kabul en 1838-1842 (I Guerra Afgana). Sufrió una de sus más grandes derrotas. Mejor le valiera no haberlo intentado. En la II Guerra Afgana (1878) se impuso un protectorado a un alto costo. El protectorado dejó de existir después de la III Guerra Afgana o de Independencia (1919), cuando la amenaza rusa había dejado de existir.

Al reino lo sucedió la república, ya en plena Guerra Fría. Los soviéticos ganaron la partida e impusieron un gobierno comunista tan inestable que tuvieron que invadir en 1979. Mejor le valiera no haberlo hecho. Los muyahidines islámicos los fueron sacando a sombrerazos. El desorden subsiguiente después de 1988 dio lugar al primer gobierno de los talibanes (1996-2001). Su auspicio de terroristas islámicos invitó la invasión aliada en 2001. Mas le valiera no haberlo hecho. Sepultura de Imperios.

Rodolfo Segovia
Exministro e historiador

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