Rodolfo Segovia S.

Beneficios sin fanfarria

Rodolfo Segovia S.
POR:
Rodolfo Segovia S.
junio 06 de 2014
2014-06-06 05:40 a.m.
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Ofuscada por el aleteo de una paz furtiva e incierta, la opinión añora precisiones y debates sobre otros aspectos que la desvelan –salud, justicia, infraestructura, corrup- ción–. Las campañas, ocupadas en zarandearse hasta en los estrados judiciales, dejan que el elector adivine su pensamiento. De otra parte, ni en los más académicos escenarios mencionan la palabra macroeconomía, quizá porque ambos bandos podrían justificadamente ufanarse de su contribución al buen momento, a beneficios sin fanfarria.

La reputación colombiana de buen manejo y seriedad es insólita. ¿Cuándo antes había ocurrido que una casa de inversión global recomendara a sus clientes comprar, en pesos, su deuda interna? ¡Nunca! ¿Y cuándo, si es cierta la noticia, había un banco internacional ofrecido al gobierno colocar a 100 años bonos soberanos con intereses muy razonables? ¿Y cuándo hubiese sido imaginable que el Ministro de Hacienda, graciosamente, declinara la oferta con el argumento de que Colombia no requiere más deuda externa? Inusitado, en efecto.

La cosa no es gratis. En las últimas tres décadas, aun en momentos de recesión profunda y asustadores sobresaltos de orden público, Colombia ha seguido la ruta austera de la ortodoxia macroeconómica y ha evitado trampas populistas, tan socorridas por los hermanos iberoamericanos, hasta autorregularse en época reciente con la regla fiscal, sana norma que impide desbordes presupuestales (por lo menos hasta cuando los tribunales, tan ajenos a la aritmética, la desvirtúen). Con disciplina tecnocrática, la virtud paga.

Don Sancho Jimeno, el defensor del San Luis de Bocachica en 1697, sostenía que, de no haber sido por un pésimo manejo macroeconómico, la hegemonía de España bajo los últimos Austrias en el siglo XVII se hubiese prolongado gracias a la plata las minas de América, circulante obligado hasta en China. Era el emisor del mundo (como hoy la FED). Pero no, el aventurismo en quijotescos designios dinásticos y religiosos la condujo a despilfarrar su buen crédito. Renegó varias veces de sus juros (equivalentes a TES), hasta cuando al pastorcito mentiroso dejaron de creerle y sufrió lentamente la misma suerte que ha venido transitando Argentina.

Todas las variables del modelo de equilibrio general colombiano están en su puesto: balanza cambiaria, deuda externa, inflación, cuentas fiscales (aunque a veces asuste la tendencia a apagar incendios con billete y a consentir adeptos con miel del panal). En ese equilibrio, un aspecto no ha recibido el aplauso que merece: la tasa de cambio. Colombia ha evitado los peores efectos de la enfermedad holandesa en la que el flujo de capital extranjero y la bonaza petrolera (55% de las exportaciones) hubiera podido haberla sumido. Ha encajado esos aportes al crecimiento sin pagar una factura alta.

Solo el año pasado, el Banco de la República esterilizó US$6.000 millones que en el mercado hubiesen desplomado la tasa de cambio. Lo ha hecho, imaginativamente y con la colaboración de ministros de Hacienda, emitiendo TES para comprar dólares. Ha pagado un costo fiscal razonable que a posteriori y dadas las cuantiosas pérdidas del Banco en atender esa deuda, viene recogiendo el presupuesto nacional. Círculo cerrado y sostenible, mientras haya demanda de TES. El ahorro interno da margen, y más en la medida en que progrese la bancarización y el aumento preventivo de la tasa de referencia del Banco Central lo estimule. Nítido.

Rodolfo Segovia
Exministro - Historiador
rsegovia@axesat.com

 

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