Rodolfo Segovia S.

Gasolina más cara

Rodolfo Segovia S.
POR:
Rodolfo Segovia S.
marzo 30 de 2012
2012-03-30 01:42 a.m.
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El petróleo es rey. Ocupa el trono por ser un líquido. El carbón o el gas, para hablar de dos competidores, arden en sitio fijo; útiles para generar energía eléctrica o calentar estáticos el fogón de la casa.

El crudo, en cambio, convertido en gasolina, se distribuye cómodamente por tubo y camión cisterna. Además, se expende sin trauma, sin los inconvenientes de palear carbón. Mejor aún, viaja contigo.

Gracias a su alto contenido de energía por volumen, se almacena en el tanque del automóvil, el avión o el barco en marcha. Ventaja insustituible.

Por otra parte, el empleo del hidrocarburo en motores de explosión (hace algo más de un siglo) transformó la noción misma de la libertad, un bien antiguo y precioso, pero de reciente adquisición masiva por el ser humano.

El petróleo, por ejemplo, ha permitido separar el lugar de habitación del sitio de trabajo para la mayor parte de la humanidad. Atado a la gleba, aun suponiendo que existiese la libre expresión, no eran muchas las alternativas de vida. Indiferente quizá para monjes y lamas, pero para los del común, el crudo comprimió distancias y añadió opciones.

En los tiempos de don Sancho Jimeno, el oro y la plata eran medios de intercambio y depósitos de valor casi universales, un poco como el petróleo hoy. La disponibilidad de metales preciosos multiplicó su utilidad, igual que el crudo.

Todo el mundo se daba por afortunado si encontraba vetas o placeres, tal como el crudo. En 1697, don Sancho sabía, mientras se aprestaba a defender San Luis de Bocachica, que esas velas en el horizonte venían por el oro y la plata que Cartagena había acumulado durante más de un siglo de paz. Los depredadores del petróleo llegarían después.

Desde 1973, la tendencia secular del crudo ha sido la de encarecerse, no sin volatilidad. De vez en cuando los precios se desploman, pero no tardan en retomar el sendero alcista. No hay razones lógicas para pensar que ese comportamiento vaya a cambiar, por lo menos no a mediano plazo.

El poder equilibrador de la oferta y la demanda se refleja en el precio. El petróleo no está a punto de agotarse, pero sí va siendo más costoso sacarlo de los hielos árticos y del fondo del océano hasta sus pies.

Parroquialmente, y sin ver más allá de sus narices, se oyen voces de protesta por el precio de la gasolina, que pone en peligro hasta la reelección de Obama. Necios. Lo que no se transa por su costo de oportunidad internacional se desperdicia.

Subsidiar el petróleo en Colombia dizque porque ahora hay (no mucho) y se exporta es treparse otra vez a ese Tibet que por años perjudicó al país. Precios artificiales son espejismos de corto plazo que conducen a una mala asignación de recursos y, por lo tanto, a la ineficiencia.

Para quienes les ha parecido hasta ahora irreverente hermanar libertad y petróleo e impopular eso de que suba su precio, se les propone otro exabrupto: el alza de sus impuestos.

En Colombia, la mitad del valor de un galón de gasolina es su costo de oportunidad como si se exportara, el 22% es aditivos y distribución y, solo un modesto 28% es impuesto. Hay que subirle.

Es una tasa altamente progresiva, puesto que el 10% más rico es el que más consume y paga; es el impuesto más fácil de cobrar, ni la Dian se necesita; es una bendición ecológica y un freno al carro sin frenos que sale a pasear como si no costara; y podría substituir tributos perniciosos para el crecimiento económico. Arriba la gasolina.

Rodolfo Segovia

Ex ministro - Historiador

rsegovia@axesat.com

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