Rodolfo Segovia S.

Raíces históricas

Dado el percance ante la Corte de la Haya, vale preguntar qué hace Colombia con un archipiélago coralino y volcánico tan lejos de su litoral.

Rodolfo Segovia S.
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Rodolfo Segovia S.
noviembre 30 de 2012
2012-11-30 01:55 a.m.
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En respuesta, el internacionalista cita el acuerdo entre las naciones independientes de América para reconocer como suyos los límites administrativos del imperio español. La Corona había trasladado la costa Caribe nicaragüense (Mosquitia) y las islas, al virreinato de la Nueva Granada en 1803. Pero no por simple capricho del rey.

Detrás de la decisión real existían antecedentes militares y fuerzas naturales con 200 años de pedigrí: la presencia de Cartagena de Indias, plaza fuerte protectora del Caribe, y los vientos predominantes en esa parte del mundo.

Francisco Fidalgo, quien levantó la primera carta científica de las costas del Virreinato en 1803, mapeó las islas y sus cayos, y las referenció al meridiano de Cartagena, no al del litoral nicaragüense.

Puritanos ingleses colonizaron la virgen Providencia en 1630. Una expedición organizada desde Cartagena por el almirante Francisco Díaz Pimienta los expulsó en 1641. El nido de corsarios en la ruta de los galeones hacia la Habana era intolerable. La guarnición dejada en la isla se aprovisionó regularmente desde la Ciudad de Heredia hasta que la avasalló el pirata Henry Morgan, en 1670. Para entonces, la presencia inglesa en Jamaica desde 1655 había modificado la geopolítica del Caribe occidental. Providencia y el archipiélago perdieron significación estratégica; islas vacías para Robinsons Crusoe.

Se repoblaron al final del siglo XVIII mayormente por colonos ingleses con sus esclavos, muchos expulsados de Centroamérica a raíz de la victoria española (1782) en el Caribe durante la Guerra de Independencia de Estados Unidos. La Corona les miró con recelo aunque prometían profesar la fe católica y ser leales vasallos. Abogó por ellos el teniente del Fijo de Cartagena de origen irlandés, Tomás O’Neille, quien gobernó 10 años las islas, y apoyado por los vecinos, convenció a Madrid de incorporarlas a la Nueva Granada. En 1822, los cabildos del archipiélago juraron, ante Luis Perú de la Croix, enviado por el Libertador, la constitución de la Gran Colombia.

Mientras tanto, los criollos de Nicaragua, asentados alrededor de los Lagos, miraban al Pacífico y le daban la espalda a un Caribe hostil. Un fuerte vigilaba el desaguadero hacia Mosquitia por el Río San Juan, para estorbar ataques piratas más que para propiciar la salida. El fuerte viento que azota de frente la costa desestimulaba veleros a marear orzando hasta San Andrés, cerca en distancia, pero lejos en tiempo. En cambio desde Cartagena las brisas favorables agilizaban la comunicación; hasta la II Guerra Mundial, sus pintorescas goletas fueron el nexo de San Andrés con el mundo.

La costa de Mosquitia, poblada por aborígenes y cimarrones, era tierra de nadie y protectorado de Inglaterra, con rey consentido desde Jamaica y coronado con tricornio. Más tarde, y ante la soberanía apenas teórica de Bogotá, intereses y misioneros protestantes norteamericanos se pasearon a sus anchas por Mosquitia. Solo muy a finales del siglo XIX inició Nicaragua su lenta conquista y anexión, resistida por los misquitos. Un despojo legitimado por el tratado Esguerra-Bárcenas de 1928 con Colombia.

¿De cuándo acá, piensa Don Sancho Jimeno, conocedor del poder aglutinador de la Cartagena que defendió en 1697, esas gentes de las villas Granada y León en los lagos de Nicaragua poseen derechos históricos sobre las aguas del archipiélago?

RODOLFO SEGOVIA

EXMINISTRO - HISTORIADOR

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