Rodolfo Segovia S.

El vaso medio vacío

Rodolfo Segovia S.
POR:
Rodolfo Segovia S.
marzo 21 de 2014
2014-03-21 01:25 a.m.
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El presidente Juan Manuel Santos es víctima de la metáfora del vaso medio vacío. Parecería que, según las encuestas, la mitad del país rehúsa verlo medio lleno aunque lo esté. Y peor, la mayoría no le encuentra gracia ni a la persona ni al gobernante. Ese es un sino que el Presidente arrastra desde cuando no registraba en los sondeos de opinión antes de ser Ministro de Defensa. Vicios de la democracia. Injusto, pero es así.

Álvaro Uribe se montó en la seguridad y si bien los otros huevitos aportaron lo suyo, la fe en recuperar para el Estado el monopolio de la fuerza como la salvación de un país al borde de la desintegración, marcó indeleblemente su mandato. Todo lo demás resbaló. La opinión le fue siempre favorable, con creses. Desde ese punto fijo llegó a su relección. El presidente Santos, en cambio, divaga.

Su Gobierno se embarcó primero en las locomotoras. La minera perdió vapor por la desinformación y el chantajismo de las comunidades, más la desidia de mandos medios y la estulticia de los ecoextremistas. Se lo cobran, mientras la exitosa profundización de la política petrolera (un millón de barriles diarios y aumento de reservas) no sacude a la opinión.

La locomotora de infraestructura sí que se asemeja al vaso medio vació: después de trastabillar, está en plena marcha, pero el público todavía no registra sino obras a medio hacer. Con la revolución de la tecnología y la innovación pasa algo similar: los resultados se verán, pero no todavía. De la locomotora agrícola, ni hablar. El enredo es mayúsculo, y en las entretelas se pierde de vista el mejor logro del Gobierno: la profundización de los TLC. Injusto, pero es así.

Las locomotoras no han tomado, sujetas a la esclavitud de las expectativas, un impulso que pueda cobrarse electoralmente. Mejor destino han tenido las casas gratis. Surgió como salvavidas alterno, en vista de que el tren no iba a llegar a tiempo a la estación. El éxito del programa es palpable, a pesar de que Petro excluyó a Bogotá. Más aún, el programa complementario de agua potable es poco menos que una revolución. Producirá votos. Como los producirá la pausada caída del desempleo, la reducción de la pobreza y la coherencia de la política económica.

A los dos años de mandato y dado que la favorabilidad descendía, Juan Manuel Santos desempolvó la paz. Para ser justo, es seguro que lo hizo por convicción, pero eso no es lo que está en juego. La paz, como la madre y el agua de panela, siempre es ganadora. Ha tropezado, sin embargo, con que los tiempos de la Farc nada tienen que ver con cronómetros. Para ellas, el reloj siempre juega a su favor. El país desespera.

En el entretanto, ha tomado fuerza el eslogan de paz sí, pero sin impunidad, y se ha sembrado la duda sobre si en las mesas de conversación de La Habana se están sacrificando las Fuerzas Armadas, esa delgada línea verde, blanca y azul que ha protegido las libertades de Colombia. El despelote venezolano de políticas cubano-marxistas aumenta la desconfianza. Paz sí, con la izquierda democrática haciendo política también, pero para los asesinos primero unos ‘diitas’ en la guandoca. Este discurso mueve opinión en contra de Juan Manuel.

Don Sancho Jimeno, el héroe de Cartagena en 1697, hacía memoria sobre el Conde-Duque de Olivares, valido del rey (1621-1665) Carlos IV de España y gran estadista en tiempos de decadencia. Gaspar de Guzmán inició su gestión con el vaso medio lleno y dejó el servicio (1643) con el vaso vacío, sin que fuera su culpa. Injusto, pero es así.

Rodolfo Segovia

Exministro - Historiador

rsegovia@axesat.com

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