Rosario Córdoba Garcés
columnista

Mirando hacia adelante

La crisis pasará. cuando? Nadie lo sabe. Lo único cierto es que decisiones que se tomen hoy tendrán consecuencias, buenas y malas a futuro.

Rosario Córdoba Garcés
POR:
Rosario Córdoba Garcés
marzo 30 de 2020
2020-03-30 10:41 p.m.
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Estamos en casa, confinados, abrumados por la cantidad de información que llega y con la esperanza de que las medidas del Gobierno para aplanar la curva de contagios y posponer el pico del coronavirus tengan los resultados esperados. El sistema de salud se prepara, en sus posibilidades, con iniciativa e innovación para enfrentar la situación cuando llegue a su peor momento. Esto es imprescindible y no se pueden escatimar ni recursos ni esfuerzos para lograrlo.

De otra parte, desde la perspectiva económica, las medidas adoptadas para contener la propagación del virus afectan a todos sin excepción: gobiernos en todos los niveles, empresas de todos los tamaños, trabajadores formales e informales, hogares, bancos, etc.

El Gobierno tiene el doble impacto del desplome de los precios del petróleo y cuenta con menos recursos de los previstos en el Marco Fiscal de Mediano Plazo. Tendrá que recomponer el gasto para atender la situación y no se descarta que tenga que presentar otra reforma tributaria, eliminando exenciones y beneficios otorgados en la Ley de Crecimiento.

Las empresas ya sienten los efectos de la menor demanda, tratan de asegurar caja para subsistir en los meses siguientes, y algunas empiezan a despedir a sus trabajadores. El acceso a capital de trabajo aquí es crucial. Las mipymes, a pesar de ser grandes generadoras de empleo, son en extremo vulnerables, de manera que las ayudas para garantizar su subsistencia son bienvenidas. Sin embargo, estas deben pensarse con visión de largo plazo, para garantizar que al final de la crisis salgan fortalecidas.

Es preciso mirar hacia delante. La crisis pasará. ¿Cuándo? Nadie lo sabe. Lo único cierto es que decisiones que se tomen hoy tendrán consecuencias, buenas y malas, a futuro. Preservar la calidad de la política pública y de la regulación es esencial hoy y siempre. Si bien es cierto que la situación amerita actuar con decisión y audacia, malas decisiones de política pública y de regulación pueden distorsionar el buen funcionamiento de los mercados y afectar la asignación eficiente de los factores de producción, con impactos sobre la productividad, el crecimiento de largo plazo y el bienestar.

En el mercado laboral, a pesar de conocerse su pobre funcionamiento, no se avanza en la actualización del Código Sustantivo del Trabajo. En materia de bienes y servicios, la ausencia de una política de competencia moderna que incentive a las empresas a invertir en innovación y tecnología, inhibe la posibilidad de aumentos en productividad.

La crisis trae dolores, enseñanzas y oportunidades. Por ejemplo, encontrar rápidamente la manera de lograr la digitalización de las empresas es necesario para su supervivencia, con ventajas en productividad y generación de valor.

Es preciso mejorar las condiciones habilitándose para que el aparato productivo pueda desarrollarse y convertirse en generador de alto valor agregado y de empleos de calidad. La lista es larga, pero puede empezarse por facilitar el acceso a financiamiento, acelerar la transferencia de conocimiento y tecnología y fortalecer las actividades de las empresas en emprendiéndote, gerencia e innovación y adopción efectiva de TIC para que puedan digitalizarse. Afrontar la crisis requiere mucha iniciativa y liderazgo desde el más alto nivel. Pero, lo que se haga para sortearla, debe hacerse advirtiendo sus potenciales implicaciones de mediano y largo plazo.

Rosario Córdoba Garcés
Presidenta del Consejo Privado de Competitividad

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