Rudolf Hommes Rodríguez

Inmigración: ¿quién se beneficia?

Rudolf Hommes Rodríguez
POR:
Rudolf Hommes Rodríguez
octubre 28 de 2013
2013-10-28 12:26 a.m.
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Cada vez que los contradictores de la apertura tratan de descalificar la liberalización del comercio exterior con el argumento de que fue una ‘apertura hacia adentro’, me siento tentado de contestarles que si así fuera no hubiera sido sostenible, porque no se hubiera podido financiar.

Algo similar ocurre con la inmigración. Se imponen barreras a la entrada de extranjeros, supuestamente para que no ocupen puestos sin tener en cuenta que el capital humano que aportan estos inmigrantes que se recibe sin incurrir en costos va a generar mucho mayor empleo, bienestar e ingreso adicional. Basta con estudiar, así sea de manera superficial, la historia de Estados Unidos, Australia, Canadá, Nueva Zelanda, Argentina, Brasil y, recientemente, de Israel para entender que la inmigración es una fuente inobjetable de riqueza.

Desde 1790, Estados Unidos estableció que cualquier persona (de raza blanca, eso sí) que hubiera vivido más de dos años en territorio estadounidense tenía derecho a la ciudadanía (Alexander Hamilton, el padre del desarrollo económico de ese país y autor de El Federalista era un inmigrante). El presidente Domingo Faustino Sarmiento, de Argentina, creó con inmigrantes de Nueva Inglaterra el mejor sistema educativo público en América Latina.

En Colombia, la educación le debe mucho a la Guerra Civil española y al ascenso del nazismo que trajeron al país, casi fortuitamente, a un pequeño grupo de intelectuales refugiados que contribuyeron a crear lo que hoy son la Universidad Nacional y la Universidad Pedagógica de Bogotá y de Tunja.

Los pocos inmigrantes que se filtraron crearon, entre otras cosas, las ventas a crédito y la industria de bienes de consumo. Revolucionaron la educación superior y las artes. Antes se había beneficiado el país con la inmigración de los ‘turcos’.

Este año, Colombia reformó su política de inmigración. Por primera vez le da oficialmente la bienvenida a los que se desean instalar en el país. Ojalá lo hubiera hecho mucho antes, porque por haber realizado lo contrario se perdieron otras oportunidades, por ejemplo, cuando cayó la Cortina de Hierro y sobraron temporalmente científicos, intelectuales y artistas en Europa Oriental. Israel dejó entrar, entonces, miles de Ph. D. y cientos de miles de personas calificadas en esa época, que le hicieron dar un gran salto a su Producto interno Bruto.

Ojalá percibieran los dirigentes de San Andrés y Providencia que uno de los mayores obstáculos para el desarrollo de las islas es su política de control de la inmigración, que fue establecida para regular el aumento de la población en el archipiélago, pero ha facilitado el ingreso de multitudes de baja capacitación y escasa escolaridad que traen los políticos para que voten por ellos, y ha evitado que se establezcan en la isla trabajadores capacitados, científicos, profesionales, empresarios y artistas destacados.

Rudolf Hommes R.

Exministro de Hacienda

rhommesr@hotmail.com

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