Rudolf Hommes Rodríguez

Oportunidades perdidas por doquier

Rudolf Hommes Rodríguez
POR:
Rudolf Hommes Rodríguez
diciembre 23 de 2013
2013-12-23 04:37 a.m.
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Cuando se tomó la decisión de que el Gobierno Nacional ayudara a financiar los sistemas de transporte masivo en rutas dedicadas con buses articulados (conocidos por el nombre de Transmilenio), se hizo con la convicción de que esta inversión contribuiría significativamente a mejorar la calidad de vida y la productividad laboral como la experiencia original en Bogotá había demostrado.

A pesar de ser el modelo de transporte masivo más eficiente en términos del número de personas que mueve por peso invertido –si queda bien diseñado y no es sujeto de competencia desleal por parte de transportadores tradicionales o piratas– solo se ha cumplido muy parcialmente el objetivo de transformar la vida y dignificar el transporte en las ciudades, debido a las demoras en la puesta en marcha de la mayoría de estos proyectos y las equivocaciones cometidas en las ciudades en donde ya opera.

En Cartagena, hicieron buena parte de las obras, pero no han conseguido operadores por defectos en el diseño financiero. En Pereira, los propietarios de automóviles se opusieron al sistema y lo desacreditaron. En Bucaramanga, dejaron que los transportadores tradicionales se tomaran las rutas dedicadas. En Bogotá, han permitido que los transportadores tradicionales utilicen las nuevas avenidas que se construyeron al lado de los carriles de las nuevas rutas de Transmilenio.

La permanencia de esos transportadores tradicionales ha sido el talón de Aquiles del sistema. Como los operadores aportaron sus buses al sistema y poco capital inicial, las empresas están muy apalancadas y son vulnerables si no se alcanza la demanda esperada. Los alcaldes que ceden a las presiones políticas por parte de sus patrocinadores, retrasan la salida de los tradicionales y los piratas, o creen que hacen algo de justicia con los pequeños. Pero la demora priva a toda la ciudadanía de aprovechar y utilizar un medio más eficiente de transporte, y pone a los operadores en aprietos financieros. Y si la tardanza persiste, mayor será la oposición a la chatarrización, pues a medida que esta avanza es más rentable el negocio de los que permanecen.

Cuando se inauguró el MÍO, en Cali, auguraba convertirse en el modelo de transporte masivo del país. El Alcalde y su Secretario de Movilidad estuvieron firmemente comprometidos con la idea de un sistema único de transporte, y este comenzó a tomar vuelo capturando usuarios en todas las clases sociales, pero el entusiasmo inicial se ha desvanecido, se ha perdido impulso en la chatarrización y voluntad política para sacar a los piratas. El sistema perdió 100 mil pasajeros diarios. La solución financiera que se concibió con el Gobierno Nacional no ha sido aplicada y los operadores están asfixiados financieramente. El Alcalde desconfía de ellos porque no ponen más buses a funcionar y estos no lo hacen, debido a que no han obtenido los recursos para financiarse, y porque ha caído la demanda. Este círculo vicioso de desconfianza e inacción tiene al MÍO en un vórtice que lo conduce a su destrucción. El Alcalde y los operadores todavía pueden evitarlo, si se unen.

Rudolf Hommes R.

Exministro de Hacienda

rhommesr@hotmail.com

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