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Salomón Kassin Tesone

Primero yo, segundo yo y tercero yo

Espero que podamos encontrar cada uno de nosotros una manera de contribuir individualmente a una mejor convivencia.

Salomón Kassin Tesone
Banquero de inversión.
POR:
Salomón Kassin Tesone
diciembre 23 de 2021
2021-12-23 03:13 a. m.
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La pandemia, los certificados de vacunación y la cuarentena han sido un reto mayor, no solo a la economía y a la paz familiar en los hogares, sino que ha sacado a la superficie el egoísmo característico del ser humano.

Hay falsificación de certificados de vacuna por doquier, y alguna gente justifica y racionaliza tomar un vuelo habiéndose contagiado de covid-19 o sus variantes, con la excusa de que usa mascarilla o que la usa doble y que se cuida de mantener distancias.

Entiendo a Darwin cuando asevera que únicamente las especies más aptas sobreviven, pero esto no puede ser interpretado por el ser humano como una autorización abierta para permitirle convertirse en un riesgo a sus congéneres, quienes quedan expuestos de forma totalmente irresponsable, a un peligro del que solo se podrían proteger aislándose totalmente del mundo.

El relato que hace su ex jefe de gabinete de cuando Trump se presentó a un debate con el hoy presidente Biden con pleno conocimiento de su condición infecciosa, demuestra un nivel de inconciencia que al menos debería haberle costado muy caro con sus seguidores. Un factor aún más preocupante que su comportamiento, es la evidente indiferencia que éste produjo en sus seguidores a juzgar por las encuestas de popularidad, que no muestran una caída material como consecuencia de este acto. Esto nos indica que, en el planeta, en mayor o menor medida, una porción de la población ha sido condicionada a tener un nivel de egocentrismo e indiferencia que considero alarmante.

Mucha gente religiosa aduce que este estado de debilidad moral es consecuencia de la secularización y de la pérdida de concientización derivada del culto religioso.

En este caso se hace obvio que no es esta la causa. Hay un porcentaje importante de los causantes de comportamiento que son creyentes y observantes de diversos credos religiosos. La esperanza de que la pandemia haría crear conciencia sobre las consecuencias del aumento de la temperatura en el globo terráqueo y evidenciaría la necesidad de un esfuerzo mancomunado para lograr disminuirlo, resultaron infundadas. No encuentro, por parte de los filósofos contemporáneos, ninguna lectura que señale cómo se podría revertir esta tendencia tan nociva del ser humano. Aparecen en cambio los mismos profetas de la fatalidad, pájaros de mal agüero, que anuncian una época apocalíptica dando como irremediable el fin inminente de la civilización como la conocemos.

Ahora, si bien estoy convencido de que claramente la evolución de la tecnología tendrá un antídoto que evitará la irreparabilidad de esta visión apocalíptica en cuanto se refiere a las pandemias y al cambio climático, no encuentro igual paliativo a la descomposición moral prevalente.

Lamento si, en esta última columna del calendario gregoriano, no poder expresar una opinión más optimista. Sería hipócrita hacerlo.

Espero que ojalá podamos en esta época que invita a la reflexión, encontrar cada uno de nosotros una manera de contribuir individualmente a una mejor convivencia.
Felices fiestas.

SALOMÓN KASSIN TESONE
Banquero de inversión

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