Salomón Kassin Tesone
Columnista 

Contagio

La dirigencia política del mundo tiene que dejar de visualizar el nivel de las bolsas de valores como el termómetro de la actividad económica.

Salomón Kassin Tesone
POR:
Salomón Kassin Tesone
enero 13 de 2021
2021-01-13 07:30 p. m.
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El fenómeno de la pandemia muestra la posibilidad de una solución, al menos a mediano plazo. Puede uno decir que se vislumbra luz al final del túnel.

Sin embargo, en el mundo existe otro contagio. Este se transmite entre sociedades disímiles y países lejanos causando las manifestaciones violentas que, de manera acelerada, venían dándose. Como consecuencia del miedo a contraer el Covid-19, éstas se suspendieron, lo cual me temo haya sido solo de manera temporal.

La imagen de la horda que rebasó las barreras policiales en Washington me trajo a la memoria, como creo a muchos, el funesto ataque del M-19 al Palacio de Justicia y la reacción de violencia que éste generó. Dicho acontecimiento impactó la vida de mi generación.

Creo que lo ocurrido en enero 6 será en las generaciones futuras del mundo entero un referente de lo que puede ocurrir cuando las fuerzas primitivas se desatan irracionalmente y se pierde la capacidad de reprimir los instintos más básicos.

Igualmente, los chalecos amarillos en Francia, las marchas en Chile y en el Reichstag en Berlín entre otras, además de las que vivimos en Colombia, evidentemente tuvieron orígenes y causas diferentes. La más importante de ellas es que el Presidente de Estados Unidos intervino para animar a los violentos. Sin embargo, toda tiene como común denominador la violencia.

El fenómeno de la radicalización en las redes sociales y las teorías de conspiración -provenientes tanto de la derecha como de la izquierda- me temo serán un precedente que puede desencadenar violencia de forma secuencial una vez el mundo pierda el temor al contagio del Covid-19 y sus mutaciones.

Dirigir las protestas a la destrucción de lo construido es el camino al que lleva la ley del menor esfuerzo. Mejor alternativa sería canalizar ese esfuerzo en el marco de un respeto mutuo.

Son muchas las razones que conllevan a manifestar descontento. La pandemia ha sido un fenómeno que podemos ilustrar con el cuento el traje del Emperador. En esta, la voz del niño destapo la desnudes, así como la pandemia nos dejó ver un cúmulo de desigualdades. No solo se hizo obvia la diferencia abismal entre “los que poseen y los desposeídos”.

La discriminación y el mayor impacto negativo en lo económico de la población más vulnerable del mundo, de las minorías negras e hispanas en Estados Unidos, así como el mayor número de muertes de mujeres que de hombres hacen entre otros factores que sea más fácil imaginarnos que una vez se reinicien las manifestaciones estas bien podrán ser más frecuentes y violentas.

La dirigencia política del mundo tiene que dejar de visualizar el nivel de las bolsas de valores como el termómetro de la actividad económica. Se tiene que crear conciencia de la importancia de aquellos indicadores claves para analizar la realidad de la gran mayoría de la población mundial y de su bienestar buscando elementos y herramientas que logren efectuar cambios profundos que promuevan la paz social.

Pues para la violencia, desafortunadamente, no hay vacuna.


Salomón Kassin Tesone
Banquero de inversión.
skassint@gmail.com

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