Salomón Kassin Tesone
columnista

De nuevo, revolución en marcha

Colombia, unida, logrará el propósito de preservar el modelo democrático y proteger la propiedad privada de los peligros del populismo. 

Salomón Kassin Tesone
POR:
Salomón Kassin Tesone
junio 24 de 2020
2020-06-24 09:56 p.m.
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En época de postpandemia resulta útil recordar la famosa Revolución en Marcha, del primer periodo del presidente Alfonso López Pumarejo. Su acceso al poder ocurrió después de la Depresión de los años treinta, y me parece que esa época, con las consecuencias sociales negativas y los ajustes económicos que se requirieron para mitigarlas, se asimila a la que vivimos actualmente. Su acceso al poder ocurre después de la época de la Gran Depresión de los 30s, que infortunadamente estimo, es la época que más se asimila en sus consecuencias, a lo que enfrentaremos.

Un análisis superficial resalta cuatro grandes temas. Estos, ahora como antes, deben replantearse sin temor de hacer cambios fundamentales y sustantivos. Al no ser la “forma de hacer las cosas”, por salirse del gradualismo usual en Colombia, va a requerir seguramente el mismo nivel de audacia con que ese gran líder ejecutó los cambios:

–La Ley 78 de 1935 y la 63 de 1936 fortalecieron y consolidaron los impuestos directos. Hoy, igual que ayer, se requieren instrumentos para ampliar la capacidad de inversión y de gasto público. Seguramente habrá que balancear la proporción que genera el Impuesto al Consumo del ingreso total del Estado, compensándolo con alguna otra fuente. Esta medida contribuye, además, a incrementar el tamaño del mercado interno.

–El fortalecimiento del movimiento sindical requirió un esfuerzo equiparable al que tendrán que hacer todos los agentes económicos para encontrar mecanismos que busquen, con cambios estructurales, aumentar considerablemente la generación de empleo y la formalización del mismo. Ese desafío es mayor si se busca compatibilizarlo con un programa gradual de incremento al salario mínimo, aprovechando la baja perspectiva inflacionaria.

–La reforma del sistema educativo, esta vez ausente de un componente ideológico, es el tercer punto. Actualizar la educación a los requerimientos del presente, preparando al estudiante con adecuadas herramientas tecnológicas y con acentuado desarrollo de aptitudes vocacionales en los pensum, será indispensable para permitir que el país se enfrente al desafío de generar el crecimiento en la economía, suficiente para evitar una crisis política y social.

–Por último, prevalece la necesidad de acercar la Colombia rural a la Colombia urbana en términos de servicios y de presencia del Estado. Colombia ha sido incapaz de superar un modelo de dependencia de un solo producto en sus exportaciones. El café fue reemplazado por productos energéticos y es difícil imaginarse un sector diferente al agrícola que, con un proceso de choque necesario por la urgencia, le de la dinámica que va a requerir eliminar el déficit de balanza comercial. A futuro, de no hacerse cambios fundamentales, es inviable el equilibrio mismo de la sociedad. Se requiere remplazar importaciones y a la vez incrementar exportaciones agrícolas, para lograr un crecimiento adecuado del PIB.

Solo la confianza en la capacidad de una generación más preparada que ninguna antes en la historia del país, da campo para ser optimista. Pienso que Colombia, unida, logrará el propósito de preservar el modelo democrático y proteger la propiedad privada de los peligros del populismo indistintamente de la orientación política. Una versión II de la Revolución en Marcha, lograría, ojalá, superar los resultados de la primera.

Salomón Kassin Tesone
Banquero de inversión
skassint@gmail.com

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