Salomón Kassin Tesone
Columnista

El carácter de una nación

Para extirpar el flagelo de la corrupción es fundamental que los individuos en la cúpula de la pirámide social den el ejemplo.

Salomón Kassin Tesone
POR:
Salomón Kassin Tesone
agosto 28 de 2019
2019-08-28 10:00 p.m.
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A raíz de mi aserción respecto a la diferencia entre los resultados en el deporte de competencias individuales y de equipos, en mi columna de la semana pasada, recibí algunos comentarios. Esto me hizo investigar sobre mediciones comparativas que se hayan hecho sobre las diferencias en carácter que tienen las naciones.

Encontré que Gerard H. Hofsteder, profesor de Antropología Organizacional en la Universidad de Limburg, en Holanda, elabora un análisis multidimensional que busca identificar patrones culturales que permitan describir trazos particulares que afecten el comportamiento colectivo y, por ende, definan el carácter de una nación.

Resulta interesante el análisis sobre Colombia, que resumo de la siguiente manera: Es una sociedad que acepta la desigualdad como ley natural de la vida y esta característica es prevalente a través de todas las capas sociales. Según el estudio, existe en nuestro país una tendencia a pertenecer a un grupo. Esto hace que los individuos que lo conforman alineen sus posiciones y creen condiciones de exclusión hacia los que “no pertenecen”. Son altamente competitivos y rivalizan con miembros de otros grupos.

En términos generales, la colombiana es una sociedad conservadora, con gran respeto a la tradición. Tiene reglas para cada una y todas las actividades, aun cuando en la práctica es muy selectiva en el seguimiento de las mismas. Mira con sospecha el cambio social y su apego al status quo es resiliente.

La aproximación a la vida de sus ciudadanos es positiva, con una tendencia a tratar de ver el vaso medio lleno y no medio vacío, como corresponde a un talante optimista. Esto resulta en un sentimiento de satisfacción general con su suerte en la vida.

A pesar de que las generalidades siempre requieren ser matizadas, se podría concluir que esos rasgos han hecho que Colombia sea un país desigual, excluyente, conservador, altamente competitivo, con un alto grado de conformismo en todos los niveles sociales y que tal vez como resultado de todo lo anterior, acepta su destino de ser corrupto, emulando los malos ejemplos de algunos grupos en la élite.

La pregunta obligada es cómo se logra cambiar el carácter de una nación. A nivel personal, es una labor titánica que se da únicamente cuando el individuo tiene la capacidad de lograr cambiar trazos de carácter.

En el caso de los hijos, lo más que pueden hacer los padres en el proceso educativo es incentivar el deseo de cambiar. Es más efectivo lograr cambios a través del ejemplo. Como en la paternidad, hablar y persuadir a través del diálogo es un ejercicio que en la mayoría de los casos resulta desgastante.

La clase dirigente nacional debe entender que, para lograr enderezar el camino por el cual atraviesa el país, requiere sentar un ejemplo con un comportamiento en el que refleje lo que cada uno de nosotros quiere que la ciudadanía, en general, emule. Requerimos todos de hacer una introspección a ese respecto, pues, a juzgar por hechos recientes donde la corrupción es el común denominador, lo que está generando es una sensación de que “todo vale”.

No podemos continuar en un estado de negación. Para extirpar el flagelo de la corrupción es fundamental que los individuos en la cúpula de la pirámide social den el ejemplo.

Salomón Kassin
Banquero de inversión
skassint@gmail.com

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