Salomón Kassin Tesone
Columnista

El dilema digital

La capacidad que tiene la tecnología para transmitir conocimiento permite aportar a la transmisión de programas educativos y de beneficio colectivo.

Salomón Kassin Tesone
POR:
Salomón Kassin Tesone
octubre 14 de 2020
2020-10-14 09:59 p. m.
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El documental “Digital Dilemma”, producido por Netflix, invita a la auto reflexión pues la adicción a las redes sociales que el “Addiction Center” estima sufre entre un 5% y un 10% de la población de los Estados Unidos, es solo un índice de la dimensión del problema.

Las corporaciones que operan y promueven las redes sociales, utilizan arquitectura de “diseño persuasivo”, que logra crear dependencias de un uso continuo. El Gobierno debe regular la utilización de estas herramientas de comunicación, más aún cuando los neurocientíficos afirman que es una adicción similar a la del juego o las drogas, pues son causadas por los mismos circuitos neuronales. Comparan la interacción con los medios sociales, con el efecto que produce una inyección de dopamina en el sistema nervioso.

El precedente creado en la industria del alcohol y el tabaco, donde se obligó a los fabricantes a invertir en publicidad educando al consumidor, permite pensar que, de manera relativamente expedita, pueda generarse una reglamentación que conduzca a un “mercadeo responsable”. Advertir sobre los riesgos de que “puede crear adicción” por su uso excesivo e indiscriminado, sería un primer paso en un proceso de construir conciencia sobre el nocivo potencial de estas aplicaciones.

Los peligros que los mismos actores de la industria reconocen en este documental de forma particularmente dramática, vuelve imperativo encontrar mecanismos que prevengan el flagelo de la adicción.

Una forma de ayudar a controlar adolescentes, es lograr que los padres de familia de grupos sociales afines, consensuen los límites que se le imponen a un mismo grupo. De esa forma, no habrá excluidos por no poder compartir el mismo grado de comunicación entre pares, al protegerlos contra el “FOMO” (“Fear of Missing Out”), el miedo a “no pertenecer”. El establecer límites que sean igualmente aplicables y consensuados por diferentes grupos sociales, permite ejercer una especie de “sanción social” a quienes no respeten los espacios de privacidad.

Facilitar la interacción entre los padres, mejora el entorno en que los adolescentes actúan. Así mismo, esto contribuye a evitar el bullying, sea personal o cibernético, que se le hace en algunos grupos al “joven diferente”. Es indispensable que los consumidores logren crear conciencia responsable sobre la “justa medida” en el uso de esta forma de interrelacionarse. Somos los adultos quienes tenemos también que asumir esta responsabilidad, no solo para con nosotros, sino para los usuarios menores de edad, aún a nuestro cargo.

La capacidad de transmisión de conocimiento que ha traído la tecnología digital, tiene la posibilidad, o de aportar masiva y eficazmente en la transmisión de programas educativos y de beneficio colectivo, o de forma negativa, promover contenido perjudicial. La misma tecnología puede ayudar en la creación de filtros y herramientas de control que permitan autogobernar y limitar, tanto el tiempo, como el contenido al que se accede.

El desafío es de cada uno de nosotros en encontrar cómo hacer que la tecnología digital nos beneficie, no solo individual, sino colectivamente, para construir y no para destruir.

Salomón Kassin Tesone
​Banquero de inversión.
skassint@gmail.com

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