Salomón Kassin Tesone
Columnista

Estado y ciberseguridad

Es imperativo lograr que este Gobierno deje un legado de ciberseguridad.

Salomón Kassin Tesone
POR:
Salomón Kassin Tesone
agosto 04 de 2021
2021-08-04 10:26 p. m.
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La seguridad cibernética entre las comunicaciones del alto gobierno es un tema delicado. Un artículo de la redacción justicia del periódico El Tiempo del domingo pasado se pregunta ¿Está en riesgo la seguridad nacional?

La Comisión de Inteligencia y Contrainteligencia del Congreso ha considerado que es tan grave como para citar al Ministro de Defensa a dar las explicaciones del caso. Incluso, en mi opinión también deberían citar al director del Centro de Defensa Cibernético.

El desafío que presenta establecer una política de Estado sobre este tema, que defina cual es la entidad que debe mantenerse alerta a los desarrollos tecnológicos en el campo de la ciberseguridad y tenga la flexibilidad requerida para transferir ese conocimiento a las diferentes dependencias del Gobierno Central y del Descentralizado, es inmenso.

No menos difícil es la consecución de recursos para lograr lo anterior, y definir como asignar los mismos. Una buena forma de lograrlo sería quizás creando una Subdirección en Planeación Nacional que concentre el esfuerzo de investigación y desarrollo de los avances tecnológicos a nivel mundial que se creen para prevenir este tipo de ‘hackeos’.

En Estados Unidos, el asunto ha cobrado tales magnitudes, que incluso los esfuerzos hechos desde diferentes agencias se traslapan, haciendo que el mapa organizacional de la ciberseguridad sea un ejemplo de confusión. El CISA (Cibersecurity and Infrastructure Security Agency) convive con el Deputy National Security Advisor for Cyber and Imagining Technology. También el Congreso creo el cargo de Director Nacional Cibernético. No existe claridad en delineamiento de responsabilidades entre estas dependencias.

Parecería que el pensamiento estadounidense, errado a este respecto, fuera lanzarles el problema a individuos de alto relieve y capacidad. Países como Rusia o China de talante autoritario y claramente rivales en este campo (por no decir enemigos declarados), están aparentemente mejor articulados y cada día se reportan casos que causan preocupación latente.

Como ejemplo del poder del crimen organizado, reseñamos el caso del secuestro de la capacidad del oleoducto Colonial Pipelines. Ahí se logró extraer un pago de USD$44 millones por el ‘rescate’ de la capacidad operativa de transporte de gasolina entre los estados de Texas y New York . Este pago ha creado una serie de cuestionamientos por parte de las autoridades, así como de las Compañías de Seguros y del público en general. Posteriormente, el Departamento de Justicia Norte Americana logró recobrar una porción del dinero pagado por la compañía.

Si Venezuela llegase a solicitar a sus aliados (Rusia, China o a Irán) hackear entidades estratégicas en Colombia, es fácil imaginar el caos que se podría desatar. Los daños potenciales superarían las pérdidas que el país absorbió por causa de los paros y la pandemia. Asimismo, hay actores locales, terroristas y narcotraficantes, que tienen, por desgracia, como lo han probado en otras latitudes, acceso a esta tecnología.

Para Colombia es imperativo lograr que este Gobierno deje un legado que haga posible prevenir y evitar que actos como los que investiga el Congreso causen daños irreparables a la Nación.

Salomon Kassin
Banquero de inversión.
skassint@gmail.com

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