Salomón Kassin Tesone
Columnista

Estrategia de salida

Es clave que los cambios negativos sean menores que los de impacto positivo. 

Salomón Kassin Tesone
POR:
Salomón Kassin Tesone
abril 15 de 2020
2020-04-15 09:13 p. m.
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Es claro que hay que mantener a la gente en sus casas el mayor tiempo posible, para salvar el máximo número de vidas como causa del covid-19.

Las autoridades han sido diligentes en las medidas de confinamiento. La prueba está, en que el número de muertos en relación al total de población en Colombia compara favorablemente con las cifras de una gran mayoría de países.

Estas mismas autoridades enfrentan un gran desafío ético sobre cuándo y cómo permitir que se resuma progresivamente la actividad económica.

Hay que encontrar cómo se logra generar un mínimo de sustento para las clases menos privilegiadas. La ausencia de recursos también genera muertos, como bien asevera el economista y filosofo Amartya Sen, “si bien la presencia del virus mata gente, la ausencia del sustento también lo hace”.

Ya las autoridades han anunciado medidas conducentes a disminuir el confinamiento. Los costos económicos que se incurren ahora, se traducirán en un futuro en perdida de vidas, en el deterioro para todos de la calidad de vida y en la disminución de la capacidad de invertir en un mejor servicio de salud y en mecanismos de seguridad social.

No es un asunto sencillo, pero dado que esta experiencia ha hecho aún más perentoria la necesidad insatisfecha que hay en estos campos en el país (y en el mundo, además) es indispensable.

El New York Times reseña que en el mundo hay un porcentaje mínimo de mortalidad de personas menores a los 30 años y que el 80% de las victimas son mayores de 65 años.
Esto nos hace pensar que un índice importante para cotejar con el del número de muertos, es el de “vidas protegidas”. Esto mediría la expectativa de edad que se pierde con la muerte de gente mayor y de gente menor.

Proyectando un modelo, permitiría tener una idea de como poder balancear la protección del presente con la del futuro.

Es imperativo implementar medidas con severidad que protejan a todos. Dado que la gran mayoría de culturas prioriza la vida de quien más tiempo tiene para vivirla sobre la del que ya la disfrutó, es la doctrina del “mal menor” la que se debe aplicar.

Sería apropiado extender el confinamiento no solo de la población mayor de 70 sino también la de los mayores de 65. Esta no es una decisión caprichosa, pues a pesar de la incomodidad que causa a los mayores, es la medida menos nociva para la economía.

Esta población es la que se denomina “en riesgo”. Acogería aquellos que si se cuarentenan, tienen menos impacto negativo en los indicadores económicos. (Aunque nos cueste aceptarlo a los que estamos ya en ella).

Acelerar paso a paso el regreso a “el nuevo normal” de la actividad económica, es una obligación. La economía y la política social van a tener cambios fundamentales. Es de vital importancia que los cambios de impacto negativo sean menores que los de impacto positivo.

Estos últimos, espero sean muchos, como es el deseo de todos.

Salomón Kassin Tesone
Banquero de inversión.
skassint@gmail.com

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