Salomón Kassin Tesone
columnista

Majestad de la justicia

El fenómeno de confusión en los poderes es un factor que contribuye como ninguno a la falta de credibilidad de la que adolece la democracia.

Salomón Kassin Tesone
POR:
Salomón Kassin Tesone
febrero 10 de 2021
2021-02-10 07:30 p. m.
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Si pudiera pedir un deseo, y con el recuperar el orden político del Estado, pediría rescatar el balance que resulta de la división de los poderes. Este es, sin duda, es el contrapeso que garantiza la democracia y el Estado de Derecho.

El restablecimiento de la bien llamada majestad de la justicia es el cambio singular mas importante que se requiere. Esta acción debería tener prioridad, tanto para el gobierno de turno, como para todo el liderazgo político, empresarial y profesional en Colombia.

Hemos pasado a vivir bajo un Poder Judicial que ha olvidado la objetividad, la imparcialidad y la desvinculación de una orientación ideológica que requiere su actividad.

Entrometerse en los ámbitos del Legislativo y el Ejecutivo ha contribuido, como ningún otro factor, al descalabro que está carcomiendo el sistema. Esto ha incidido en que el Legislativo y el Ejecutivo; a su vez, influyan indebidamente en la administración de justicia.

Lejos están los días cuando, en mi actividad profesional, tuve el privilegio de representar a la República de Colombia que, iniciaba su incursión al mercado de capitales internacional. Los colocadores de bonos hablábamos del país como uno donde había seguridad jurídica, en contraste con otros países de la región.

La Constitución del 91 instituyó la tutela como mecanismo para acelerar el proceso judicial y la defensa de los derechos fundamentales sin embargo se ha abusado de ella. Esto y los referendos sobre la conveniencia de refrendar permisos de explotación al sector minero y energético se han convertido en una cortapisa al desarrollo del país.

El fenómeno de confusión en los poderes es un factor que contribuye como ninguno a la falta de credibilidad de la que adolece la democracia y que se extiende por doquier.

De no tener un cambio sustancial de dirección, culminará sin lugar a duda en que emerja un régimen autoritario y populista que, haciendo caso omiso de las desventajas y los perjuicios de regímenes como el de China, se concentran única y exclusivamente en ponderar el crecimiento económico y la transformación de su infraestructura.

La República Popular China, que al final es una dictadura de su partido comunista, aplica un modelo económico llamado de “reforma y apertura”, que la ha convertido, con cambios fundamentales en 42 años, en el principal gigante comercial del globo, sacando de la pobreza absoluta al 60% de su población. Un desarrollo sin precedente en la historia.

Sin embargo, este no puede ni debe ser la única forma de medir la calidad de vida de un país. Evidentemente el costo de las medidas represivas, la inequidad y demás componentes del modelo se deben tener en cuenta.

Esta se convierte en una reflexión obligada a la clase dirigente colombiana, que tiene que decidir el modelo futuro a seguir en las elecciones del 2022.

Salomón Kassin Tesone
Banquero de inversión.
skassint@gmail.com

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