Salomón Kassin Tesone
Columnista

Recuperar el campo

Colombia tiene ventajas competitivas que le permitirían captar la inversión de multilaterales y de privados. 

Salomón Kassin Tesone
POR:
Salomón Kassin Tesone
septiembre 02 de 2020
2020-09-02 10:14 p. m.
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El año pasado un índice de desempleo de dos dígitos ya era motivo de preocupación para todos los que nos ocupamos del análisis de nuestro entorno económico. El hecho de que en julio pasado se haya prácticamente doblado el desempleo al ubicarse alrededor del 20%, lo convierte, sin duda alguna, en el tema que por ser tanto importante como urgente, requiere encontrar prioritariamente un camino de solución.

Cualquier esfuerzo en busca de una respuesta de este tema, igual que todos los que impliquen recuperación económica, necesariamente requieren un componente de capital fresco que se le inyecte a la economía.

La capacidad de endeudamiento tanto del sector público como del sector privado, tiene límites que no permiten visualizarla como la fuente de fondos para resolver este problema, por demás apremiante.

Mi reflexión es que solo en el campo Colombia va a encontrar programas que den la escala y tengan el atractivo suficiente para generar el interés por parte de inversionistas, permitiendo de esta forma una rápida recuperación de la debacle económica y social que está dejando la pandemia de covid-19. Esto implica, además, como complemento y condición necesaria, un impulso masivo a las obras de infraestructura requeridas para que los productos agrícolas, que puede Colombia ofrecer en el mercado internacional, sean suficientemente competitivos para lograr ser comercializados.

El esfuerzo debe lograr revertir la balanza comercial negativa que hoy prevalece en el rubro de alimentos, por una positiva que permite generar crecimiento, liderado por las exportaciones. Convertir ese potencial en realidad exigirá un compromiso de todos los sectores políticos para enfrentar el desafío que implica cambiar toda una cultura de obstaculización burocrática con fondo político, para transformarla en una que logre cambios acelerados con un propósito común. Estoy convencido de que será la única forma de proteger el modelo de gobierno que preserva la propiedad privada y el Estado de Derecho.

Por otro lado, el aprovechar la riqueza ecológica de Colombia incorporando “Fondos de Impacto” que hoy buscan oportunidades para desplazar capitales, parece ser una fórmula ganadora. Uno de los mayores desafíos ambientales que tiene el país es frenar el deterioro y la destrucción de su riqueza forestal, lo que es atractivo para el capital extranjero. Un plan de reforestación masiva es quizás el más grande generador de empleo potencial de mano de obra no calificada. El plan permite formalizar, literalmente, cientos de miles de empleos dignos, garantizando seguridad social a una población campesina que clama por recibirlos y que en esta coyuntura se ha empobrecido de forma vertiginosa.

Como consecuencia del abandono y la falta de presencia del Estado, en el campo -que es el más afectado- será en donde la inversión mostraría mayor avance. La combinación de reforestación e inversión lograría rescatar los suelos y las fuentes de agua, al mismo tiempo que mitigaría el cambio climático.

Colombia tiene ventajas competitivas que le permitirían captar la inversión necesaria proveniente de multilaterales y de privados. Para explotarla, se requiere la ejecución simultánea de múltiples iniciativas y, sobre todo, la voluntad política de hacerlo.

Salomón Kassin Tesone
​Banquero de inversión.
skassint@gmail.com

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