Salomón Kassin Tesone
Columnista

¿Vender Cenit?

Esta privatización le daría los recursos necesarios para lograr calmar las preocupaciones de los agentes financieros.

Salomón Kassin Tesone
POR:
Salomón Kassin Tesone
febrero 13 de 2019
2019-02-13 09:20 p.m.
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Me había propuesto no referirme en mi columna a asuntos relacionados con mi actividad profesional, pero dado que el tema de la venta de acciones de Ecopetrol y la alternativa de vender parte de la red de oleoductos –que se constituyó en su filial Cenit– no está hoy dentro de mi órbita, quiero tratar de elucidar algunos detalles de cómo sería el típico análisis de un banquero de inversión sobre este tema.

El primer reto es el de encontrar cuál es la fuente más económica de capital para los propietarios de una empresa (en este caso el Estado) y cuáles son las alternativas de inversión de este capital. Sobre Ecopetrol, un bien público que, además, es emblemático en el sector de recursos naturales, hay consideraciones que obligan a tener un singular cuidado en el momento adecuado para enajenar acciones propiedad del Estado.

En el caso de Cenit, es más sencillo. Aquí, el control de la inversión se estructura a través de contratos de suministro a largo plazo, en los que se determinan las condiciones y el precio de los servicios que esta filial le presta a Ecopetrol en asuntos como almacenamiento y transporte de productos. Más aún, cuando el mayor valor estratégico ya se realizó, es decir, la construcción de la red de infraestructura de transporte de hidrocarburos. Queda por determinar el valor económico de las acciones a ser vendidas. A mayor costo de los servicios, mayor valor, y viceversa. La decisión, dado que las tarifas deben ser a valor de mercado y por regulación están entre un rango, hace la labor de determinarlas menos compleja.

Queda por realizar un análisis del rendimiento financiero que requiere un comprador para hacer atractiva la inversión. En este caso, hay parámetros muy acotados para ubicar el precio de acciones, y no es difícil modelar a largo plazo el flujo de dividendos que la entidad independiente generaría para sus dueños.

La experiencia reciente de Isagen (una privatización ordenada en el gobierno de Uribe y ejecutada con Santos) fue, en mi opinión, afortunada para el país. A pesar de que necesariamente se requería un comprador estratégico, lo que trajo como consecuencia que no existió puja, el valor que se recibió por su venta fue alto. El caso de Cenit es distinto porque los contratos a largo plazo, con flujos de caja estables y predecibles, atraerán seguramente a varios inversionistas financieros.

Pareciera que este proceso de tomar la decisión por parte del alto gobierno lo podría llevar a cabo Ecopetrol, para satisfacer las necesidades de generación de caja que requiere el Plan de Desarrollo nacional proyectado en el presupuesto. Una vez recibido el producto de la venta, Ecopetrol declararía un dividendo extraordinario. El efecto –tanto político como de la opinión pública– de esta operación, estimaría yo, sería más fácil de digerir que la alternativa de vender acciones de Ecopetrol. Además, no es difícil probar la bondad de esta decisión. Los fondos que se generan van a ayudar a cubrir un rezago evidente en la infraestructura, además de capitalizar proyectos que tienen tasas internas de retorno (TIR), no inferiores a las que resultan de la inversión de Cenit.

No se puede desestimar el potencial daño que le haría a la economía colombiana y al costo del endeudamiento, perder la calificación del riesgo de la deuda pública como consecuencia del déficit fiscal. Esta privatización le daría los recursos necesarios para lograr, con el solo anuncio de la decisión de venta, calmar las preocupaciones que tienen los agentes financieros sobre el comportamiento del déficit. Se aclara, además, la incertidumbre sobre la ejecución de planes de inversión, que son inaplazables.

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