Sergio Calderón Acevedo
columnista

¿Cáncer o ‘plumbonía’?

Parece que Colombia tiene que escoger, si es que el cuento es cierto, entre unas pocas muertes por cáncer o muchas miles por sobredosis.

Sergio Calderón Acevedo
POR:
Sergio Calderón Acevedo
septiembre 30 de 2018
2018-09-30 05:00 p.m.
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El embajador Francisco Santos se estrenó en el cargo anunciando el retorno de las fumigaciones. Quién dijo miedo. Empezando por los ‘ex-narcos’, siguiendo por un montón de intelectuales que nunca han pisado una finca, y terminando por los miles de campesinos que se creyeron con derecho a cultivar coca para poder llenarse los bolsillos con la supuesta erradicación, se armó un coro de rechazo con el traqueado argumento de los peligros del glifosato para la salud humana.

Como diría el filósofo Beto Reyes, “hay que leer”. Como por ejemplo, que el dichoso glifosato tiene un nombre comercial: Roundup. Y es de un fabricante alemán que lleva más de 100 años en Colombia, acompañando el crecimiento y la modernización del sector agrícola.

Su famoso producto se consigue en cualquier dispensario agrícola por menos de 40 mil pesos por litro, y es utilizado en todo el campo colombiano, en la jardinería, y hasta en las ciudades para eliminar malezas de todo tipo. Se usa en los cultivos de café y de flores, sin que ello sea inconveniente para las autoridades sanitarias de Estados Unidos, Europa o cualquiera de los destinos de nuestras exportaciones.

Y es utilizado, más que por nadie, por los cultivadores de coca para arrasar lotes completos de pasto o de matorrales antes de sembrar la inofensiva mata, que luego se convertirá en un veneno y en un catalizador de guerras y de muerte.

Pero el coro no dice nada al respecto. Está bien aplicarlo, y no es nocivo para la salud, si lo usa la guerrilla, la mafia, las bandas criminales o cualquiera de sus protegidos. Pero es cancerígeno si cae de avionetas que representan a la autoridad, que trata de evitar que el lucrativo y criminal negocio prospere.

Pues como diría el papá del famoso columnista Ramoncito Vargas: “dejémonos de vainas”. Mientras que los cultivos de coca se quintuplicaron durante el gobierno que los cobijó con manto de legalidad en el tal acuerdo, Colombia recuperó el campeonato perdido de producción de droga. Y ahora se produce tanta droga, que hasta alcanza para el consumo interno.

Basta ver el gran negocio que han montado en los colegios, en los bares, en las universidades, en todas partes. Ya ni siquiera tienen que tomarse la molestia de cruzar los mares: ahora envician y matan a nuestra juventud y multiplican la criminalidad urbana.

Y ni hablar de la inusitada prosperidad que les ha dado el régimen dictatorial de Venezuela, que ahora es socio de los capos colombianos. El vecino país es hoy otro canal de comercialización, como dirían los expertos en mercadeo.

Mientras tanto, la violencia se multiplica en nuestras selvas y ciudades, y en las de los países que siguen la ruta de la coca, en Centro y Suramérica, y en México. Y cada vez mueren más personas por adicción, por sobredosis y por los efectos tóxicos de los ingredientes de la droga, que se usan a granel, porque unos magistrados prohibieron la fumigación de la coca con glifosato, por sus “graves daños a la salud”.

Parece que Colombia tiene que escoger, si es que el cuento es cierto, entre unas pocas muertes por cáncer o muchas miles por sobredosis o por ‘plumbonía’.

Sergio Calderón Acevedo
Perito financiero - Docente
@sercalder60 / sercalder@gmail.com

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