Sergio Calderón Acevedo
Columnista

Coronahisteria

Lo del dólar es explicable, pero no por el virus de la gripa de moda, sino por el virus del déficit en cuenta corriente, que ya es insostenible. 

Sergio Calderón Acevedo
POR:
Sergio Calderón Acevedo
marzo 09 de 2020
2020-03-09 09:47 p.m.
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No hay coyuntura mala para que los especuladores aprovechen las gangas, muchas veces por ellos mismos inducidas, que sirven para que puedan adquirir activos financieros e inmobiliarios a precios de quema, para retenerlos un ratico, mientras pasa la crisis. En ese momento en que todo vuelve a la normalidad, salen a liquidarlos en unos mercados al alza, obteniendo utilidades astronómicas.

El episodio del tal coronavirus no es excepción. Por el contrario, el sobredimensionamiento de este episodio ha hecho aún más alta la volatilidad, y estamos presenciando unos derrumbes que no habían ocasionado ni el 11 de septiembre, ni el colapso de Lehman Brothers.

La gripa esa apenas tiene un caso en Colombia, en el momento de escribir estas líneas, y el precio del dólar se mantiene en máximos históricos, mientras que el índice general de nuestra minúscula bolsa de valores ha perdido, en un par de jornadas, todas las ganancias obtenidas en dos años, desde que evitamos en las urnas caer en las garras del petropopulismo.

Lo del dólar es explicable, pero no por el virus de la gripa de moda, sino por el virus del déficit en cuenta corriente, que ya es insostenible y debe llevar a una crisis cambiaria de mayores proporciones, ya que nadie está pensando en cómo hacer que Colombia empiece a exportar algo diferente a café, carbón y petróleo. O sea, crimen correcto, cómplice equivocado.

Pero ¿alguien nos quiere explicar qué tiene que ver el precio de la acción de Bancolombia con la peste? Alcanzó a rozar los 45.000 pesos y ahora está más cerca a los 35.000. No veo que en una semana sus indicadores de cartera se hayan deteriorado o que haya habido una corrida de depósitos. Lo mismo se podría decir de los demás emisores del sector financiero.

Al igual que en 'crisis' anteriores, como la de mediados de 2002 con los TES, en esta nuestros mercados han sacado a relucir todas sus imperfecciones, que permiten que nuestros queridos especuladores actúen desmedidamente, sin que los operadores del mercado, nuestros queridos ‘traders’ y ‘yuppies’, opongan resistencia moral alguna, porque también estos ganan jugosas comisiones. ¿No dicen que las finanzas son el arte de mover dinero de un lugar a otro hasta que desaparece?

Mientras tanto, los pequeños ahorradores en los fondos de inversión colectiva o, peor aún, los candidatos a pensionados, tienen que ver cómo, en pocas horas, por cuenta de stop losses ejercidos al calor del pánico, van quemando ahorros de toda la vida, para que luego sean otros los que se apoderen de lo perdido.

¿Y no será que algo de las acciones vendidas en el pánico pudieron ir a parar a la ‘posición propia’ de los comisionistas? ¿O, peor aún, a los portafolios de parientes y relacionados con personas que operan los sistemas transaccionales? ¿Dónde ha estado mientras tanto la Superfinanciera? Quiero suponer que, como en otros episodios parecidos, ha pedido oportunamente copias de los libros de órdenes y de las grabaciones telefónicas con los clientes. También sería bueno que los fondos de pensiones revelen qué han hecho para escampar en esta tormenta y evitar pérdidas a sus afiliados, que morirán de hambre y no de gripa.

Sergio Calderón Acevedo
Economista


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