Sergio Calderón Acevedo
Columnista

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La economía colombiana necesita un reinicio total, y este es posiblemente el último llamado.

Sergio Calderón Acevedo
POR:
Sergio Calderón Acevedo
mayo 11 de 2020
2020-05-11 10:16 p.m.
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En todos los países los gobiernos están haciendo esfuerzos “sobrefiscales” para mantener la economía a flote y evitar que la pérdida de empleo produzca crisis humanitarias y sublevaciones. En Colombia vamos a necesitar algo más que los 40 billones de pesos que otorgó el Comité Consultivo de la Regla Fiscal y los demás recursos que afanosamente consigue el Ministerio de Hacienda. Lo peor es que nadie puede calcular el monto que será requerido para evitar que el desempleo se duplique en los próximos meses.

Hay que admitir que estamos en recesión y que no hay posibilidad de que pasemos agachados, como en 2009, cuando países como Alemania perdieron casi 6% de su PIB, mientras que el de Colombia “solo” creció 1,5%. Lo que viene es serio y de enormes proporciones, pero hay que pensar que esta crisis es una oportunidad imperdible para repensar a Colombia.

Si aceptamos asumir un gigantesco costo para flotar la economía, sería bueno que pensáramos que del proceso saliera una nueva economía, y no la misma que nos mantiene rezagados en competitividad y sin presencia en los mercados externos. Nada nos sacamos con gastar ingentes recursos en subsidiar nóminas y créditos en sectores económicos de bajo valor agregado. Promover nuevos sectores nos cuesta lo mismo y nos deja repotenciados.

En energías renovables, se podría pensar en estímulos a empresas que se instalen en la región Caribe para aprovechar que es una de las zonas de mayor solaridad del mundo. De paso, archivamos las carboeléctricas que contribuyen al calentamiento global y a la contaminación, que hace que el sucio aire sea un catalizador del virus en las grandes ciudades.

En biodiversidad debemos hacer caso a personas como la ministra Mábel Torres y su idea de los hongos tropicales. El ganoderma sí es medicinal, como lo son el shiitake y los demás hongos tropicales, que estamos dejando de producir porque las multinacionales farmacéuticas nos quieren seguir vendiendo sus químicos a precios exhorbitantes. Y lo mismo sucede con muchísimas plantas y animales que poseemos en abundancia y que seguramente portan la cura de los virus del futuro.

Podemos ser una potencia de productos orgánicos, que ya no son cosa de hippies, sino estándares en países germanos y escandinavos. No solo es un tema de lechugas y tomates. También de muchos alimentos, prendas de vestir, madera y muebles, productos de papelería, y miles de cosas más, que no producimos porque los empresarios consideran que los sellos y certificaciones son demasiado costosos y no ven que tienen un altísimo retorno. El ministro de agricultura, en vez de seguir dando subsidios a ricos terratenientes, arriesgando otro AIS, debería estar pensando en cubrir los costos de certificación de los productos orgánicos, para diversificar la oferta exportadora.

Hay miles de oportunidades para salir de esta crisis, con una economía más competitiva e insertada en el mundo. Si un plato siempre se prepara con la misma receta, lo servido será lo mismo y los comensales se aburrirán. Con los mismos ingredientes, y con creatividad, la ‘comidita’ casera se puede convertir en un éxito gastronómico.

La economía colombiana necesita un reinicio total, y este es posiblemente el último llamado.

Sergio Calderón Acevedo
Economista

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