Sergio Calderón Acevedo
Columnista

De Kuznets a Oviedo

Si las medidas de las cuales dependemos no están en sincronía con la realidad de los ciudadanos, se desarrollará la desconfianza hacia el gobierno. 

Sergio Calderón Acevedo
POR:
Sergio Calderón Acevedo
junio 08 de 2020
2020-06-08 09:59 p.m.
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El encierro obligatorio seguro ha servido para que muchos servidores públicos hayan sacado tiempo para planear mejor la forma de ejercer sus funciones. Seguramente el director del Dane, Juan Daniel Oviedo, un gran economista, tuvo la oportunidad de rediseñar la entidad a su cargo, para que la métrica económica sirva para algo más que unos comunicados de prensa y los interminables análisis en los programas radiales.

Posiblemente tuvo oportunidad de leer uno de los más recientes libros del Nobel Joseph Stiglitz, Midiendo lo que cuenta (The New Press 2019). Con argumentos cada vez más aceptados alrededor del mundo, Stiglitz dice que, por estar tan obsesionados con el crecimiento del PIB, o el comportamiento de otras variables macroeconómicas, las políticas públicas han desconocido la necesidad de implementar medidas y acciones para mejorar ciertos aspectos de la vida más allá de la riqueza colectiva.

Advierte que “si las medidas de las cuales dependemos no están en sincronía con la realidad de los ciudadanos, se desarrollará la desconfianza hacia el gobierno”. Y con ello se refiere a los temas de desigualdad, seguridad, credibilidad en las instituciones, etc.

Además del diagnóstico de Stiglitz, apoyado por la OCDE, que ha creado un tablero de indicadores para incorporar a las cuentas nacionales, adquiere mucha fuerza la noción de que la producción del PIB (que, por ser un ingreso, es un asiento crédito en el P&G del país) crea incentivos para un mayor uso del capital humano y físico. Y que la obsesión de que este debe siempre crecer, y mientras más rápido mejor, hace que nadie mida el deterioro del capital natural, que es casi siempre irrecuperable y que priva a generaciones futuras de su propio crecimiento (el asiento débito en el P&G, y que no es medido en las cuentas nacionales).

El día mundial del medio ambiente, el pasado 5 de mayo, sirvió para reflexionar sobre el renovado ímpetu destructivo en todo el mundo, y para entender que el coronavirus es el resultado de nuestra relación depredadora con la naturaleza, pues del desmonte y el biocidio salen no solo materias primas, sino defensas de la madre naturaleza, que nos dice que debemos irnos del planeta para que él sobreviva.

También la Academia Brasilera de Ciencias ha advertido, en documento que quizás no leerán ni Bolssonaro, ni Trump, ni ninguno de los culpables de la alta mortalidad del virus (Más allá de la pérdida de diversidad y cambio climático: impactos de la deforestación amazónica en enfermedades contagiosas y la salud pública - AcadBrasCienc 2020), que la deforestación de la cuenca amazónica es una de las responsables de la difusión de los vectores infecciosos y de la próxima pandemia, que seguramente llegará antes de que sea solucionada la presente.

Regresando al Doctor (con mayúscula, porque él sí lo es) Oviedo, ojalá salga de este período de reflexión con otra metodología de cuentas nacionales, para que dejemos de darle tanta importancia al PIB y empecemos a pensar en una métrica económica y social más adecuada que la que nos dejó Kuznets hace casi un siglo.

Sergio Calderón Acevedo
Economista. sercalder@gmail.com

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