Sergio Calderón Acevedo

De Ronald a Donald

Tiene razón el Gerente del Emisor al afirmar que la economía está paralizada. Una de las razones es la tal oposición, enquistada en el Capitolio.

Sergio Calderón Acevedo
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Sergio Calderón Acevedo
junio 09 de 2019
2019-06-09 02:11 p.m.
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El 20 de enero de 1981 fue posesionado Ronald Wilson Reagan como presidente 40 de Estados Unidos. Tenía 69 años y todos pensaban que era demasiado viejo y que moriría en la Casa Blanca. Afortunadamente, los decepcionó. Murió hace exactamente 15 años, después de gobernar ocho, en los cuales terminó la Guerra Fría, derrumbó la Cortina de Hierro y el Muro de Berlín, y dio a la economía de Estados Unidos el más grande impulso desde el ‘nuevo trato’ de Franklin Delano Roosvelt, en 1933, para salir de la Gran Depresión.

Reagan llegaba a la presidencia después de ser un exitoso actor en Hollywood y de haber sido gobernador de California durante ocho años. Estados Unidos acababa de pasar por un periodo de autoflagelación, en el cual fue elegido un pastor, cultivador de maní, James Earl Carter. El escándalo de Watergate, que terminó con la renuncia de Richard Nixon, en 1973, fue seguido por la contundente paliza sufrida en Vietnam, en manos del comunismo, apoyado por la Unión Soviética y China. No cabía otra posibilidad y Carter derrotó a Gerald Ford, como penitencia de los gringos, otrora campeones de la libertad, al haber acabado con el nacional socialismo de Hitler.

La presidencia de Reagan empezó, exactamente durante su posesión, con el anuncio de que los ayatollahs liberaban a los rehenes que mantenían en Teherán desde hacía dos años. El mundo entendía que la presidencia de Reagan sería, como se llamó su primer gobierno, ‘el nuevo gran comienzo’. Apoyado en maestros de la economía, como Milton Friedman, Arthur Laffer y los abanderados de la ‘economía de oferta’, aplicó un plan de choque, con reducción de impuestos y gastos, acompañado del desmantelamiento de una excesiva regulación. El primer efecto fue una breve recesión y el aumento del desempleo a 10,2 por ciento (menos que la Colombia actual), pero el resultado fue el más prolongado y alto crecimiento del PIB desde la posguerra.

Los resultados en la política internacional fueron mucho más dramáticos. A la sombra de la Puerta de Brandemburgo, en Berlín, el 12 de junio de 1987 proclamó: “Señor Gorbachov, demuela este muro”. Y 28 meses después cayó el infame muro y el mundo cambió para bien. Ese fue el mejor legado de Ronald Reagan: la paz mundial y la Europa moderna. Lo logró con un discurso de conciliación y de señalar más las virtudes de sus propuestas que los defectos de sus contendores, que fueron muchos.

Treinta años después, Donald John Trump, posesionado de 70 años, sin experiencia política alguna, lleva dos años construyendo muros, twitteando rabiosamente y poniendo en peligro la paz mundial y, de paso, su economía y la nuestra. Y acaba de anunciar que se lanzará a la reelección, de la cual puede estar muy seguro, porque su populismo, como el de muchos en Colombia y en Latinoamérica, explota la parte emocional de la mayoría, a pesar de que la racionalidad no tiene cabida en su discurso.

Tiene razón el gerente del Banco de la República cuando afirma que la economía está paralizada. Una de las razones es la tal oposición, enquistada en el Capitolio, en Bogotá. Pero la otra está en el 1600 de la avenida Pennsylvania, en el Distrito de Columbia.

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