Sergio Calderón Acevedo
Columnista

Década perdida

Los últimos diez años no fueron perdidos en términos económicos ni sociales. Pero sí fueron perdidos en oportunidades de corregir el rumbo del país.

Sergio Calderón Acevedo
POR:
Sergio Calderón Acevedo
abril 27 de 2020
2020-04-27 09:39 p.m.
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En días recientes, algunos analistas han bajado del anaquel de la historia económica, el famoso término de “década perdida”, acuñado luego de los desastrosos años ochentas de América Latina, los cuales se caracterizaron por hiperinflaciones, dictaduras, crisis de deuda, transformación de guerrillas en carteles del narcotráfico y bandas terroristas. Fue una época de bajo crecimiento y mayor pobreza, con alto desempleo, informalidad y aislamiento, mientras los llamados tigres asiáticos consolidaban su auge, y la China de Deng Xiaoping iniciaba su balístico ascenso.

Treinta años después, en medio de la crisis sanitaria, las economías de la región entran en la peor recesión de su historia, y muchos, que aún gateaban en los ochentas, creen que pueden usar el mismo término, solo porque el PIB va a caer a niveles de hace cinco años, temporalmente y hasta que el mundo recupere su ritmo. Ignoran que la última década ha traído enormes avances en salud y educación, que han alcanzando una cobertura casi universal en Colombia. Desconocen de tajo que la pobreza disminuyó a casi la mitad de lo que era antes. Y no ven que la democracia sobrevivió a pesar de la afrenta de los últimos dos cuatrienios.

Los últimos diez años no fueron perdidos en términos económicos ni sociales. Pero sí fueron perdidos en oportunidades de corregir el rumbo del país, y ahora sí estamos en esta enorme nave, frente al témpano (iceberg, dicen los que se avergüenzan del español), y a pocos centímetros de impactarlo. Lo que pudo haber sido evitado con planeación y prudencia, ahora debe ser resuelto en un comité de crisis.

La economía y las exportaciones deben ser diversificadas. La cartera de comercio e industria ha estado vacante desde que se planeó impulsar los sectores de talla mundial, hace quince años. El capitán de esa nave debe reconocer que el petróleo es ahora fuente de pobreza, y que el aguacate y la uchuva no nos van a sacar de la pobreza. Debe diseñar un plan que permita aprovechar nuestra gran ventaja, la biodiversidad, para que el valor agregado provenga de alimentos, farmacéuticos, productos orgánicos, turismo y todo lo que le tocó a esta privilegiada esquina del mundo, luego del big bang.

Los defensores de la legalidad deben desintoxicar el engranaje de esta máquina, limpiando Congreso, alcaldías, gobernaciones, cortes, Fuerzas Armadas y Policía, de lo que el presidente Duque ha calificado como “ratas de alcantarilla”. Ellos, por su corrupción, nos roban empleos y puntos de crecimiento económico.

Y debe el encargado de las finanzas públicas diseñar un sistema pensional y uno tributario que hagan viable el funcionamiento del estado. De no hacerlo en lo que queda de este año, nuestros TES quedarán valiendo menos que un barril de petróleo en épocas del virus, y los pensionados morirán de hambre y no de gripa.

Estos días de encierro deben servir para que el Presidente y sus ministros diseñen el país que tendrán que construir para que los que siguen en esta carrera de relevos no tengan menos bienestar y progreso que los que hemos tenido los que hemos procrastinado ante la necesidad del cambio.

Sergio Calderón Acevedo
Economista



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