Sergio Calderón Acevedo
Columnista

El paredón del Claustro

Este proceso sumario es el reflejo de lo que nos espera cuando la narcoizquierda posesione a sus dioses en la Plaza de Bolívar.

Sergio Calderón Acevedo
POR:
Sergio Calderón Acevedo
mayo 10 de 2021
2021-05-10 07:30 p. m.
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Las cloacas sociales volvieron a demostrar su efectividad: un catedrático, que se equivocó mandando callar a una alumna, fue fusilado en el mismo paredón que Francisco José de Caldas, en el Claustro del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario. Pero esta vez el ajusticiamiento no vino del fascista Pablo Morillo, sino de la mullida rectoría del segundo piso.

Édgar Augusto Ramírez, Colegial de número de la Universidad en 1984, catedrático desde 1990 y árbitro de la Cámara de Comercio de Bogotá, entre decenas de logros plasmados en su brillante hoja de vida, se molestó porque una alumna, ahora heroína de las protestas pacíficas que violan el derecho a la movilidad de todo el país, y que, con sus trancones, asesinan bebés nonatos ante el silencio cómplice de los senadores del bloque pirómano, expresó en clase su tristeza por los asesinatos.

Ramírez ordenó retirar la protesta y, al no obedecer, la sacó de la videoconferencia. Su error: no entender que el principio de autoridad que le impartieron en las mismas aulas ha cambiado: ahora los alumnos únicamente tienen derechos.

La futura abogada, ni corta ni perezosa, viralizó la parte que le convino del video, y el profesor, ante la presión de los dioses de las seis de la mañana, fue expulsado de la universidad a la cual ha servido treinta años. Y el país, gozoso, baila alrededor de esta hoguera de vanidades, callando que una profesora, que sigue propagando su ideología, obligó recientemente a sus alumnos a responder un examen sobre “falsos positivos”.¿Quieren una definición de doble moral?, aquí la dejo. ¿Cómo nos explicaran nuestros togados, que más de la mitad de los delincuentes capturados son reincidentes, y que son enviados a sus casas porque “no son un peligro para la sociedad”? No, ahora el peligro somos los catedráticos.

El fundador, Fray Cristóbal de Torres, o Álvaro Tafur Galvis, rector de la universidad cuando Ramírez fue alumno, quizás le hubieran increpado y hasta habría llevado el caso a la Conciliatura para que allí, el mismísimo Presidente de la República lo escuchara y le aplicara la sanción correspondiente, seguramente una suspensión durante un semestre, exigiendo una merecida disculpa pública a la alumna. Pero a ella, a la muchachita, también la hubieran citado al despacho y le hubieran exigido respeto al catedrático, que algo más que ella sí sabe.

Este proceso sumario es el reflejo de lo que nos espera cuando la narcoizquierda posesione a sus dioses en la Plaza de Bolívar. Stalin y Trotsky, cuyas versiones criollas tenemos en el Senado, hubieran refinado sus métodos con este ejemplo. Mientras tanto, ante este acto de intolerancia, renuncio a mi diploma, el 284 de la facultad de Economía, porque mi alma máter ha violentado los sagrados principios del debido proceso y de la libertad de cátedra, la cual ejerzo orgullosamente desde hace 36 años.

Sergio Calderón
Economista

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